Música

Hermosa tradición de lo nuevo

24.09.2020 | 01:40

Festival Nak

Intérpretes: Coral de Cámara de Pamplona; Dorota Grzeskowiak, soprano; José Luis Echechipía, órgano. Director: David Gálvez. Programa:Pie Jesu, de Christian Roca Romero (estreno absoluto); El ángel dormido, de Luis Pedro Bráviz; Réquiem for My Friend (parte I), de Zbigniew Preisner. Lugar: Iglesia de los Carmelitas de Pamplona. Fecha: 12 de septiembre de 2020.

Sigue incidiendo el Festival Nak en su lema de este año, la importancia de la tradición en las vanguardias. El concierto que nos ocupa acorta un poco más las distancias entre ambos movimientos que los dos conciertos anteriores, ya que las obras propuestas, sobre todo el Pie Jesu de Roca Romero –estreno absoluto– y el Réquiem de Preisner, que en Pamplona estrenó la Capilla de la Catedral (DIARIO DE NOTICIAS, 27/03/2005), aun con sus leves choques tonales, se escuchan con sumo agrado, sin demasiada sensación de que se abandone lo tonal. El ángel dormido, de Bráviz, para órgano fue un poco más abstracta. El Pie Jesu funciona aquí como un muy bello motete para voces blancas donde, verdaderamente, se lucen, las mujeres de la Coral de Cámara de Pamplona. Y es que las sopranos y altos consiguen un volumen sonoro poderoso y envolvente, gracias al empuje en los agudos de las sopranos y al pedal y cimiento de las altos –esta cuerda, porque no se suele dar muy e menudo, excepcional–. Dos extremos que solucionan muy bien las intérpretes: el comienzo, con una entrada francamente aguda y dura, y el final, con un matiz pianisimo precioso. Entre medio el crescendo hasta el fuerte y posterior diminuendo. Cumple con creces el bajo –casi con obligación de octavista– en la introducción gregoriana. El ángel dormido fundamenta en registros graves cavernosos un matiz más bien oscuro de toda la obra, que despierta al final, hasta con el registro de campanillas, una meditación a lo Messiaen. Echechipía le saca partido al órgano de los Carmelitas.

En esta segunda audición del Réquiem de Preisner nos reafirmamos en la calidad y veracidad de sentimientos a la muerte de un amigo que transmite. Brilla sobremanera la soprano solista: Dorota solventa los terribles agudos que se le imponen y borda los pasajes más delicados y en matiz piano. Su voz aporta cuerpo y volumen a esta partitura que, en muchos tramos, corre con fragmentos que otros Réquiem confían al coro. Por ejemplo, el tremendo Lacrimosa, un grito desesperado en solista y coro. Buena complementación entre soprano y coro femenino, que se volvió a lucir en esta obra; el coro masculino tiene menos presencia y cumplió. Precioso el pasaje Promisisti, con el sonido tenido, arriba. Y el Sanctus y Agnus, incidiendo en el tremendo dramatismo de la obra. La versión se hizo en reducción canto-órgano. El órgano de tubos aporta texturas con la registración bien hecha por Echechipía, pero no es lo mismo que los timbres orquestales que aporta la versión original –saxo, arpa, piano– y sobre todo la cuerda, que, llena más algunos pasajes entrecortados de la composición. Esa es la impresión que me dio, de lo que recuerdo del día del estreno. La canción final a capella es un resumen melancólico y sereno, ya, de la inevitable muerte; la Coral la interpresa con un sonido muy hermoso y acogedor. El público aplaudió puesto en pie. Y es que se reciben muy bien estas obras entreveradas de tradición y modernidad.