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Arte de un tiempo sin reloj

Arte de un tiempo sin reloj

a naturaleza, exuberante, misteriosa y delicada, obra de un tiempo detenido y vivo a la vez, ha entrado en La Fábrica de Gomas y luce en todo su esplendor en la nueva cita expositiva de este espacio, que pone en diálogo la obra de tres creadores: Julio Pablo (Zaragoza, 1948), Piluca Azparren (Pamplona, 1947) y María Cueto (Avilés, 1960).

Instante infinito, tiempo etéreo es el título de esta muestra que reivindica y pone en valor esos momentos en los que la creación y la contemplación se funden en un tiempo que los relojes no pueden atrapar. Esos procesos creadores que se cuecen lentamente, sin prisa alguna, con toda la sensibilidad y la concentración del artista o la artista al servicio de una obra que se va haciendo con ingredientes varios: el propio ciclo de la naturaleza, en este caso, y la intervención del creador, de la creadora, con sus emociones y estados de ánimo, sus conocimientos y su talento.

Así nacen los cuadros de Julio Pablo, ventanas a ríos, mares, campos, árboles majestuosos..., paisajes que, un día, en uno de sus muchos paseos, llamaron la atención de este pintor nacido en Zaragoza y afincado en Pamplona, y se prendió así la llama de un proceso creativo que se completa ahora, cada vez que un visitante posa su mirada sobre estas evocadoras obras, la gran mayoría de ellas realizadas al óleo. “Me interesan esos paisajes que tienen un cierto misterio, que te hacen preguntarte: ¿qué habrá más allá? Me gustan los sitios recoletos, que no sean obvios o muy evidentes. Porque lo importante es lo que no se ve, o lo que está detrás, o dentro, si hablamos de naturaleza humana”, dice Julio Pablo sobre estas pinturas cuya esencia comienza capturando del natural, cuando algo le “enamora” y le hace detenerse, y continúa luego en el estudio en una “búsqueda” constante.

“Pintar es como vivir y relacionarse. Hay momentos en que algo, por la razón que sea, te prende y te hace pararte y plantar allí tu caballete”, comenta este artista que, reconoce, pinta para sí mismo, “aunque con una intención de comunicarme luego con quien se ponga delante del cuadro”.

A Piluca Azparren (Pamplona, 1947) le fascinan las flores. “Son obras de arte, formas dificilísimas de esculpir y que salen solas”, dice admirada. Las anémonas y las calas son dos de sus preferidas. Y entre las hojas, las hiedras, “que pueden ser desde muy pequeñas a muy grandes”. Sus formas y nervaduras inspiran a la artista pamplonesa, que se descubre en esta exposición a pesar de llevar toda una vida ligada al arte, tanto en su oficio de delineante que ha ejercido en varias fábricas, como en su labor de maestra de plástica con niños y niñas junto a los que ha dado rienda suelta a una de sus pasiones: “Crear cosas bellas a partir de cosas aparentemente inservibles”.

Así surjen las figuras creadas con papel de seda encolado, papel maché y elementos como alambres o corchos que lucen en las estanterías de La Fábrica de Gomas, y con las que Azparren ha creado una historia fascinante, Zarabanda de verano, contenida en una bella caja con una colección de 20 postales.

La artista se descubre sobre todo aquí como grabadora, a través de un rico abanico de monotipos en los que flores y hojas son protagonistas. “Cuando me jubilé, hace 14 años, entré en la Escuela de Arte de Pamplona para cursar dos años de grabado, y ahí empezó todo”, cuenta sobre esta técnica de la que exhibe también chapas de aguafuerte -en zinc y cobre- y xilograbados. Un rodillo, colores acrílicos, una pasta especial y plantas o flores que la propia artista recoge entran en juego en un proceso del que Piluca Azparren habla con fascinación. También presenta acuarelas, obras al óleo, otras en tinta china -inspiradas en el sistema de escritura kanji japonés-, dibujos en lápiz grafito y unos bellos cuadernillos desplegables -un tipo de encuadernación japonesa- con dibujos de flores.

Arte bello y sensible que cura la existencia y nos reconcilia con la naturaleza humana.

Otro deleite para los ojos y el alma es el arte de María Cueto (1960), natural de Avilés y afincada en Berastegi. Sus ligeras esculturas aéreas a base de elementos vegetales penden del cielo de este Instante infinito, tiempo etéreo, jugando con la luz y el espacio expositivo. Hojas de palmito, semillas, avena, hojas de sauce, sarmientos y raspón son elementos de los que se sirve para crear unas obras que evocan tanto como la propia naturaleza de la que parten. “Vivo en el campo, rodeada de vegetación, que es lo que más me inspira: descubrir en paseos caligrafías y dibujos en las hojas, que voy recogiendo y sobre lo que luego trabajo”, cuenta María Cueto, cuyo trabajo viene del textil. “Son tejidos en el espacio, aéreos”, dice sobre sus esculturas.

El recorrido por la selección de obras que presenta aquí “se inicia con una pieza situada en un punto alto de la entrada, luego vertebra en un eje, también elevado, la nave central; reposa un conjunto de trabajos en una esquina más íntima, con un aroma de hogar, y emite su vibración desde otro círculo que se eleva en una de las paredes”, explica. En esta exposición presenta una antología de distintas facetas y temporadas de análisis de este tema permanente en su obra: la naturaleza. Así, en la pieza Hacia la luz se centra en la luz y en el aire, componiendo “una gran ave que vibra y flota, que vuela hacia lo alto del espacio”. En Cardumen es el mar el que está presente, motivo central de una serie que actualmente trabaja: “En este caso, intento representar la infinidad de seres vivos que lo habitan”, dice.

Su obra se nutre tanto de lo macro como del microcosmos, “con esa presencia permanente de la vida, de seres, en ocasiones imperceptibles, que pueblan la materia”. La pieza titulada Suite corresponde al desarrollo que María Cueto ha llevado a cabo “de búsqueda del ritmo interno del mundo vegetal, de su música callada”. Una investigación de “la partitura ordenada, geométrica del silencio”. La tierra y sus frutos, con sarmientos y el raspón de la uva, están representados en las maquetas de la obra que realizó en gran formato Ábalos. Y el sol vibra en otras piezas, que se enriquecen con unos Haikus pequeños, breves, “ligeros poemas influidos por Oriente” que expone en la vitrina de la entrada y que “haciendo un juego de palabras para provocar una sonrisa final, diría que son para orientar nuestra existencia”, concluye la artista.

l Qué. Instante infinito, tiempo etéreo. Obras de los artistas Julio Pablo (Zaragoza, 1948), María Cueto (Avilés,1960) y Piluca Azparren (Pamplona, 1947) inspiradas en la naturaleza. Hay creaciones de pintura, dibujo, grabado, tejido y escultura.

l Dónde. En La Fábrica de Gomas (Calle Fuente de la Teja, 12, del Soto de Lezkairu).

l Cuándo. Inaugurada el pasado sábado 14 de mayo, la exposición puede visitarse hasta el próximo 21 de agosto en el siguiente horario: de martes a viernes de 12.00 a 13.30 horas y de 18.00 a 20.30 horas, y sábados y domingos de 12.00 a 14.00 horas. Se realizarán visitas guiadas a grupos bajo cita previa a través de la dirección de mail galeria@lafabricadegomas.com.

l Un diálogo a tres. Siguiendo con su línea de invitar a distintos creadores en los que encuentra un denominador o nexo común, en un breve texto a la entrada de la sala, se explica el sentido del título escogido para esta exposición: “Momentos en los que la creación y la contemplación se funden en un tiempo que los relojes no pueden atrapar”.

l Disolución del tiempo. La premisa de esta muestra es que “con el virtuosismo, el mimo y la minuciosidad alcanzada en el empleo de las distintas técnicas, ya sea el dibujo, la pintura, la escultura, el grabado, el tejido, estos creadores consiguen obtener, con su concentración esforzada, detenida, un estado de realidad alterada, la disolución del tiempo en ese Instante Infinito y, asimismo, fruto de esta búsqueda, de este esfuerzo, comunicar al observador atento, una experiencia sensible con la que pueda lograr, en comunión con los artistas, un éxtasis similar”, destacan desde La Fábrica de Gomas.

“Me inspira la vegetación, esos paseos en los que descubro en las hojas caligrafías y dibujos”

Artista plástica

“Las flores me fascinan, son obras de arte de la naturaleza dificilísimas de esculpir y que salen solas”

Artista plástica

“Me interesan los paisajes con cierto misterio, que te hacen preguntarte: ¿qué habrá más allá?”

Pintor