“Puede que nunca viva del arte, pero siempre viviré con el arte”
Cuando su carrera musical en solitario cumple 25 años, el artista multidisciplinar navarro Hervé Alústiza sube toda su producción discográfica a las plataformas digitales.
Han pasado 25 años desde su primer disco en solitario, aquel Recordando que vio la luz en 1999.
–Lo grabé hace 25 años, sí. Me junté con muy buenos músicos y lo grabamos en diciembre de 1999. Mi padre estaba mal y falleció el 26 de enero. Entonces paré el disco durante un tiempo y añadí la canción de Recordando, que quedó como un homenaje. El disco incluía un cómic de Roberto Flores con ilustraciones de las canciones. Sonó bastante en la radio, Rudy Goroskieta lo pinchaba, Rudy siempre ha ayudado a los músicos navarros, me decía que llamaba la gente para preguntar dónde se podía comprar. Vendí unas ochocientas copias en las tiendas de discos que había por Pamplona.
Ese mismo año publicó la canción Contra viento y marea, para el certamen del Boulevard Jazz.
–Hicieron un certamen en el Bulevar Jazz, recuerdo que también estaba Gussy por allí. Esa es una canción que habla sobre la lucha por la vida, se acababa de morir mi padre. Era más de cantautor, pero también hacía una versión rockera.
Poco después hizo un viaje a Argentina, que creo que le marcó.
–En el 2000 me fui a Argentina. Mi madre había estado de joven en Perú y yo tenía esa inquietud. Además, cumplía entonces un cuarto de siglo. Era el momento. Estuve con enfermos de sida y con alcohólicos trece meses. Fue muy duro, vi morir a trece personas de entre 20 y 30 años, gente de mi edad. Escribí varias canciones allí, pero no las grabé. Cuesta mucho dinero grabar un disco, quizás algún día lo haga.
Luego vivió una experiencia parecida en la India.
–Cuando volví de Argentina, hice el Camino de Santiago y estuve trabajando unos meses para ganar dinero e irme a Calcuta. Eso fue en 2002. Tenía varios trabajos: limpieza, recepcionista de hotel, en los Corralillos del Gas… Salió un libro disco que promovió la Casa de la Juventud y el Ayuntamiento de Pamplona. Sacamos un millón de pesetas (6.000 €), que fue donado para obras de caridad de Calcuta. Fue una vídeo canción con fotos de mi estancia allí. Trabajé con moribundos y con niños discapacitados.
Ese trabajo con los niños dio origen a un nuevo personaje.
–Trabajando con los niños, empecé a hacer canciones para ellos. Tocaba con guitarra, armónica y unos cascabeles que compré allí y que todavía conservo. Hacía canciones infantiles, en inglés, con onomatopeyas y demás. Los chavales me empezaron a llamar Uncle Melody. Allí conocí a Nacho Cano, que estaba con su fundación Sabera. Cuando volví a España, me costó muchísimo adaptarme. Había vivido experiencias muy fuertes: cuidar a gente que moría cuando le estabas dando la mano o cortando el pelo. Traje la canción de Calcuta (Calcuta bondhu!) y ya era Uncle Melody.
En el siguiente disco, Anónimo romance, ponía música a grandes poetas.
–Ese disco es más poético, sí. Lo grabé en 2004. Hay poemas cantados de Cernuda, Borges, José Hierro… También una canción de cuna que escribí en Argentina. Lo grabé con Alberto Porres y era muy variado: temas más de trovador, pop, rock, canción de autor, rumba…
En 2016 llegó un disco especial, dedicado a su mujer.
–Exactamente. Fue cuando hicimos 10 años de casados, en 2016. Lo grabé con Gussy. Tiene canciones que le había escrito por su cumpleaños, en algún aniversario… Hay una canción de humor, que es Hipotecados. Son canciones dedicadas Teresa, mi mujer; es un homenaje a ella y a la vida que hemos llevado juntos. Musicalmente hay rock’n’roll clásico, rockabilly, country…
Y en 2018, un disco de toda la familia y para toda la familia: ¡Afinados, listos… ya!, firmado por La Familia Melodía.
–Yo tenía el personaje de Pepe Melodías, basado en el Uncle Melody de la India. Hacía actuaciones en bodas, comuniones, algún colegio… Incluso tuve un programa de televisión en Intereconomía, en 2010; hicimos una temporada, pero al final lo acabé dejando, sentía que estaba quemando el personaje. En 2018 grabé el disco en el estudio de Iñigo Guerrero, en Madrid. Iñigo ha grabado a mucha gente, como Hakuna, por ejemplo. Este también era un proyecto benéfico para un comedor de Colombia. Les mandamos todo el dinero, nosotros no nos quedábamos nada. Luego nos escribían los niños de allí… Fue un proyecto muy bonito. Además, en este disco participó mi familia: mi mujer, Teresa, como Señoríssima Corchea, mi hijo, Giuseppe, como Giuseppe Bemol; y yo, como Pepe Melodías.
Esa ha sido su última grabación hasta la fecha.
–Luego he hecho más cosas, tengo muchas canciones escritas que algún día espero poder grabar. También hice una canción para Senda Viva. Ahora tengo la seguridad de un trabajo estable y sigo con mi música, con mis cuentos de Navidad, que he publicado varios, con mis ilustraciones semanales de El rincón de Éufrases… Mi sueño, que lo tengo desde que estaba en Calcuta, era hacer cuentos de Pepe Melodías, y cada cuento, una canción y un Kamishibai (teatro de papel, NdR). Siempre he querido hacer cuentos e ir por los colegios a cantarlos. Todavía lo tengo en la cabeza, de hecho tengo los cuentos escritos. Algún día espero hablar con alguna editorial para hacerlo.
Casi todos sus discos han nacido de una experiencia fuerte que le ha marcado.
–Sí. La muerte de un padre, la relación de diez años con una persona, mi estancia en Calcuta o Argentina…
¿Necesita ese impulso inicial para empezar a escribir?
–Bueno, siempre hay un impulso. Luego me baso en la vida cotidiana y a veces mezclo realidad con fantasía. Antonio Vega y Enrique Urquijo decían que necesitaban algo triste para escribir una buena canción. Es más fácil escribir algo melancólico. Incluso un libro; es más fácil escribir un libro triste que un libro de humor. A veces he escrito desde impulsos de cosas tristes, como la muerte de mi padre o mis experiencias en Calcuta o Argentina, pero el disco de 3.653 amaneceres, por ejemplo, quería que fuese alegre y optimista. Hay asperezas, porque el día a día las tiene, pero el tono es positivo; tiene humor y amor, pero sin caer en lo ñoño.
¿Y por qué decide subir todas esas grabaciones ahora a las plataformas?
–Quizás porque el año que viene cumplo 50 años, es una manera de hacer balance. Me cuesta aceptar las nuevas tecnologías, soy analógico. De hecho, tengo más casetes que discos. Pero pensé que era el momento de hacerlo. También quiero hacer una web que reúna todas mis facetas: la de cantautor, la de escritor infantil, la de ilustrador… Y me encantaría grabar más discos.
El arte es una constante en su vida.
–Yo tengo una necesidad y una vocación. Hay gente que me dice que no vivo de esto, y es cierto. Puede que nunca viva del arte, pero siempre viviré con el arte; es cambiar de preposición, pero no de proposición. Tengo un trabajo estable y una familia maravillosa, pero sigo haciendo esto porque lo necesito. Lo hago desde que era un niño, que ya dibujaba cómics, todavía conservo algunos. Trabajo cuidando gente mayor, les acompaño hasta el final. Por otro lado tengo a mi hijo, que va creciendo. Es como estar entre la vida y la muerte. Estoy entre el ocaso y el amanecer, igual que en Argentina y en Calcuta. Pero siempre con el arte presente.
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