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Neofeminismo, crítica de Sorry, Baby

Neofeminismo, crítica de Sorry, Baby

La presencia de Eva Victor es el alfa y el omega de Sorry, baby. Ella ha escrito, ha dirigido y ha protagonizado este relato inequívocamente contemporáneo que se nutre con heridas ajenas proyectadas hacia su sanación en un alegato sobre la condición de la mujer de hoy en los EEUU. Nada nuevo ni nada excepcional. Muchas profesionales antes que ella han procedido del mismo modo; pocas lograron tanta hondura, tanta precisión, tanto equilibrio. Eva Victor viene de la escena, ha trabajado durante años como monologuista. O sea, se ha acostumbrado a desenvolverse en pequeños espacios, con el público al borde de su piel. Sabe defenderse con lengua afilada y es buena en ese abrazo entre la reflexión que arranca vértigo y el humor que impide el hundimiento del público. Así, pellizca y acaricia al mismo tiempo.

Las campañas de promoción repiten que la Julia Roberts de Caza de brujas de Guadagnino se ha deshecho en elogios hacia esta ópera prima de bajo presupuesto y largo alcance. Así se establece un cruce y un duelo entre la mirada cínica y procaz del filme de Guadagnino y la proclama insolente pero compasiva de Eva Victor.

Sorry, Baby

Dirección y guion: Eva Victor. Intérpretes: Eva Victor, Naomi Ackie, Lucas Hedges, John Carroll Lynch y Louis Cancelmi. País: EEUU 2025. Duración: 103 minutos

No se hace necesaria la comparación. Sorry Baby, con su telón de fondo sobre los abusos sexuales y la vulnerabilidad de las víctimas, no centra su discurso en el poder; no habla de la trastienda política ni de la guerra de sexos. No hay mayor beligerancia que la de constatar que ha nacido y crecido un nuevo paradigma feminista que dota a la mujer de muchos más recursos. En realidad, Eva Victor, que cuenta que gestó su primer largometraje durante los meses de clausura de la covid, no se centra en la violencia sexual sino en la superación de los traumas a través de los amigos.

Bien escrita y mejor dirigida, Sorry Baby se articula a través de una serie de saltos temporales. Se inicia en el presente para remontarse a un pasado próximo y avanzar año a año, en el vía crucis de una estudiante primero, profesora después, agredida y violentada en su intimidad. A Eva Victor no le preocupa mostrar el abuso sino demostrar su rehabilitación. Le basta un plano fijo de la vivienda del agresor y el cambio de luces, se apagan las del día, se encienden las del interior, todo en silencio, para contarlo todo. El resto, un despliegue de talento para mostrar la lucidez de una joven mujer que vive y disfruta de su cuerpo; que sabe que este mundo está lleno de miseria y que, en su secuencia final, promete a un bebé lo más sagrado: la ayuda de la amistad.