Síguenos en redes sociales:

Alfredo Sanzol reflexiona en el Gayarre sobre la fraternidad y la muerte

El dramaturgo navarro, director del Centro Dramático Nacional, sube a escena en 'La última noche con mi hermano' "uno de los duelos menos acompañados". Las funciones tendrán lugar el viernes 10 y el sábado 11 de abril (20.00 horas)

Alfredo Sanzol reflexiona en el Gayarre sobre la fraternidad y la muerteIban Aguinaga

El dramaturgo pamplonés Alfredo Sanzolse suele dejar “guiar por el deseo de tocar partes de la realidad” que quizá no entiende o que le parecen interesantes, y lo hace “sin medir el riesgo”. Con La última noche con mi hermano ha seguido el mismo método. En este caso, ha pretendido subir a escena temas como los cuidados, la enfermedad, la muerte, la aceptación o la fraternidad, poniendo énfasis en esta última, ya que el fallecimiento de un hermano o de una hermana es “el duelo menos acompañado” que existe.

Y a diferencia de la orfandad o la viudedaz, ni siquiera existe una palabra para nombrar a la persona que ha sufrido la pérdida. La prueba está en que “pasados unos meses, ya nadie te pregunta cómo te encuentras”, comenta Sanzol, que el viernes 10 de abril dará comienzo en el Teatro Gayarre a la gira que llevará su nuevo montaje por ciudades como Donostia, Valencia, Sevilla, Las Palmas de Gran Canaria y Barcelona. En la capital catalana harán temporada, no en vano se trata de una coproducción del Centro Dramático Nacional y el Teatre Nacional de Catalunya.

Testimonios reales

El germen de esta propuesta, que también podrá verse el sábado 11 de abril en el teatro pamplonés, está en la vivencia de Ruth, una amiga del autor y director navarro. “Tras fallecer su hermano en diciembre de 2024, llamé a su pareja para ver cuándo sería bueno hablar con ella y me dijo que, precisamente, ella quería hablar conmigo”. Necesitaba conversar sobre su experiencia en aquella última noche; unas horas que “cambiaron su manera de ver la vida” y que fueron “muy movidas”, con “momentos muy absurdos” y otros “muy emocionantes". 

Tras escuchar su testimonio, Alfredo Sanzol confesó a su amiga que ahí veía una obra de teatro, “a ella le pareció bien” y así, en enero y febrero de 2025 llevó a cabo un proceso de investigación que le llevó a entrevistar a una docena de personas que habían pasado por lo mismo, incluido un oncólogo que atendió a su propio hermano, “algo que no suele hacerse, pero que aceptó porque si no, se negaba a recibir tratamiento”.

Durante un proceso en el que un testimonio le llevó al siguiente, “lo primero que me llamó la atención es que este es el duelo menos acompañado que existe” y, a la vez, comprobó la enorme diversidad que ha existido en las relaciones entre hermanos, ya fuera porque antes las familias eran más numerosas o por las discusiones y la distancia que se generan en el seno familiar.

Tres parejas de hermanos

Así fue dando forma a La última noche con mi hermano, que narra la historia de Nagore (Nuria Mencía) y Alberto (Jesús Noguero), hermanos unidos por un vínculo muy estrecho. Durante una cena, la primera se está muriendo de cáncer y su hermano no lo acepta. Además, “aunque el motor principal de la obra es la enfermedad de Nagore, la noticia desencadena otras tramas y subtramas” relacionadas con otros familiares.

Así, además de los dos protagonistas, habitan la obra otras dos parejas de hermanos. Una la forman Ainhoa (Elisabet Gelabert), la pareja de Alberto, y su hermano Claudio (Cristóbal Suárez), con el que lleva mucho tiempo sin hablarse y con el que se ve obligada a contactar tras el anuncio de Nagore, ya que es oncólogo. Y en tercer lugar están Nahia (Ariadna Llobet), hija de Alberto, y Oier (Biel Montoro), hijo de Ainhoa. No les une la sangre, pero sí un lazo de auténtica fraternidad, que es lo que también muchas personas experimentan con esa familia elegida formada por amigas y amigos.

Escena del montaje.

Nuria Mencía

Con estos elementos ha construido el montaje Alfredo Sanzol, que desde el principio tuvo en mente a Nuria Mencía para el papel de Nagore. “Esta es la cuarta vez que trabajamos juntos y llevábamos un tiempo buscando un nuevo proyecto, hasta que la contacté después de hablar con Ruth”. Al principio, Mencía le dijo que tenía que pensárselo por la temática de la obra, “pero a las tres horas me llamó para decirme que adelante”. La actriz, “como todos”, tiene sus propios duelos y su trabajo de transformación conforme avanza la enfermedad es “impresionante”.

Igual que el del resto de intérpretes, a los que Sanzol quiere expresar su agradecimiento “por la confianza depositaron en mí ya desde la primera lectura del texto”. Entonces, en septiembre de 20025, “ya vimos que se generaban emociones vibrantes y que la historia repercutía en todo el equipo”. “Sabíamos que tocábamos un tema muy delicado y que teníamos que hacerlo muy bien”, más que nada porque, por debajo de lo que se dicen los personajes, hay un subtexto que lo contiene todo.

El humor libera

El estreno y las siguientes representaciones en el Teatro María Guerrero de Madrid fueron “muy bien” y sirvieron para ajustar la función que llega ahora a Pamplona. Todo, desde encontrar el tono adecuado hasta la introducción de los momentos de humor, “lo he hecho con mucho cuidado”, destaca el director del Centro Dramático Nacional, cuya obra se caracteriza, precisamente, por un componente humorístico muy particular. Y eso que, esta vez, “todas las situaciones de humor son reales", y, “aunque algunas parezcan increíbles”, todas están sacadas de las entrevistas que Sanzol realizó para preparar escribir el texto. “En todas las conversaciones aparecía el humor como herramienta de liberación de la tensión; me contaron que salía cuando menos tenía que salir”, dejando claro que “la vida no respeta la solemnidad”. 

Jesús Noguero y Nuria Mencía son Alberto y Nagore en este montaje de Alfredo Sanzol.

La última noche con mi hermano contiene también otro de los ingredientes típicos del teatro del autor navarro, como son los toques biográficos. Nagore y Alberto son de Pamplona y ambos mantienen la conexión con su ciudad, “lo que les ha llevado a integrar la comunidad paralela del Alvia”, igual que a Alfredo Sanzol. Y esas idas y venidas generan “una manera de vivir, una idiosincrasia” que tienen que ver con el arraigo, la identidad, los afectos...