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Ópera

Preeminencia del tenor

Preeminencia del tenorCedida

En los recitales de música vocal, siguen siendo los tenores los más atractivos para el público. No siempre fue así en la historia de la ópera: prácticamente hasta Rossini, con su Guillermo Tell y el tenor Duprez, imperaban los roles masculinos hechos por mujeres o contratenores. Con Verdi, Wagner, Puccini… la voz de tenor es la reina de la escena lírica (Voces Paralelas, Lauri Volpi, E. Guadarrama 1974). A los aficionados a la ópera nos gusta, especialmente, ese continuo riesgo del tenor, (injustamente en sopranos, no parece tano), siempre al filo de lo imposible, cercado por la maldita flema, presionado por tener que elevar todo al agudo, aunque no lo ponga la partitura, y por las audiciones de los grandes tenores, que todo el mundo conoce.

La performance de Anduaga

Xabier Anduaga, casi, nos libera de ese estrés de peligro al comenzar el recital con la famosa aria A mes amis de Donizetti, y sus DO de pecho seguidos. Vaya manera de calentar la voz. Alguien comentaba, pues ya nos podemos ir, ha comenzado por la cima. Otros: es que así se quieta la presión de lo que todos esperan con ansiedad. Fuera de bromas, lo cierto es que la extraordinaria voz de Anduaga enamora por su squillo (perdonen el tecnicismo), o sea, “el sonido brillante y resonante de la voz que logra escucharse por encima de la orquesta”.

Demostró homogeneidad durante todo el trayecto de las escalas que aborda, una emisión franca y firme, sin titubeos en el agudo, con más cuerpo vocal que en los comienzos, fiato (uso de la respiración) holgado, (aunque en alguna pieza cortó antes de lo que se suele hacer), y presencia escénica muy mejorada. Pero sobre todo eso, prevalece la luminosidad de los agudos, el situar a todo el auditorio en lo más alto, y con esa sensación de que parece que aún le sobran dos tonos.

Esa facilidad en los agudos de la La fille du regiment suscitó los primeros y entusiastas bravos que se sucederían durante todo el recital. En Verdi (La Traviata: Die miei bollenti), de nuevo nos sitúa en el mejor estilo para el autor. En Bizet, se agradeció el matiz en piano con el que dio especial vuelo al aria de Los Pescadores de Perlas. En el Edgardo de L. de Lammermoor, moduló el fraseo hasta el bonito diminuendo final. Y en el famoso Pourquoi me Réveiller, fue muy brillante de nuevo, aunque estamos acostumbrados a que los tenores se entretengan más en el agudo. En la Tabernera del Puerto (No puede ser) estuvo arrebatador; aquí hizo una versión muy personal y sentida

Recital de: Xabier Anduaga, tenor, y Sofía Esparza, soprano invitada. Dirección: Giacomo Sagripanti. Obras de: Donizzati, Bellini, Verdi, Rossini, Bizet, Massenet, Sorozábal y Penella. Lugar y fecha: Baluarte. 14 de junio de 2026. Incidencias: Casi lleno el patio de butacas. Un tercio, el palco. (de 38 a 15 euros).

Escenario compartido

Compartió escenario con Sofía Esparza, que, desde luego, estuvo a la altura en sus intervenciones a dúo. Sofía brilló con luz propia en el estupendo fraseo del aria Parigi, o cara de la Traviata; un legato conmovedor, que se fusionó muy bien con el tenor. También en el Gato Montés y en Bizet.

En las propinas Adiós Granada y Júrame, hubo más corazón que cerebro, en el sentido de que todos: tenor, director, orquesta y público, se dejaron llevar un poco por el entusiasmo; el titular de la velada debería haber retenido algo más a la orquesta. Pero lo cierto es que Giacomo Sagripanti es un magnífico director de ópera. Acompañó al canto con precisión, siempre complicada en el rubato de los cantantes, y, sobre todo, el pulso operístico de las oberturas sacó de la Sinfónica de Navarra lo mejor. La italiana en Argel, de referencia. Una gran tarde de ópera. De esas de las que se sale optimista y comentando, con entusiasmo, lo que se ha escuchado.