Carretera cortada por coronavirus

23.03.2020 | 09:50

Sin competición y ante la imposibilidad de rodar por el asfalto para entrenar, Pello Bilbao y Omar Fraile narran su día a día atados al rodillo en sus hogares.

Un sonido de fondo, un zumbido a modo del centrifugado de una lavadora, anuncia la presencia de un rodillo en la conversación. Sin carretera, cortada por el decreto que limita movimientos de las personas, los ciclistas se atan a una ruta estática, inamovible. Es el eco del coronavirus. Se mueven las piernas, jadean los pulmones y empuja el corazón, pero el paisaje se detiene. No se mueve. Es un decorado. El de Pello Bilbao tiene un lucernario que ilumina la estancia de un encierro obligado por la pandemia del coronavirus. "En esta situación, el deporte queda en un segundo plano. Tengo claro que lo primero es ser ciudadano. Hay que quedarse en casa y hacer lo que nos dicen y evitar expandir el riesgo de contagios. Eso creo que no lo discute nadie", diserta el corredor del Bahrain McLaren, que entiende fundamental "aplicar el sentido común para protegernos todos y, sobre todo, a las personas más vulnerables. Este es un trabajo de todos".

Omar Fraile, ciclista del Astana, que hace rodillo por las mañanas en el balcón para airearse, sostiene el mismo discurso. "Se está pidiendo algo que podemos hacer. Hay que ser solidario y tener empatía y quedarse en casa. A nadie le gusta, pero es la forma de salir de esta". El santurtziarra sabe de lo que habla. Cuando disputaba el UAE Tour, la caravana ciclista quedó confinada en hoteles después de dos positivos por coronavirus. "Me hicieron las pruebas y di negativo, pero cuando llegué a casa me puse en cuarentena voluntaria", narra el vizcaíno, que desde su aterrizaje a comienzos de marzo no ha podido estar ni con la familia ni con los amigos por llevar a cabo el encierro y minimizar riesgos. "Llevo tres semanas en cuarentena y, por lo menos, queda otra semana más. Soy el primero con ganas de salir, pero lo prioritario es la salud de todos y hay que quedarse en casa", establece Fraile.

En esa línea, destaca Pello Bilbao que no puede suceder lo que "ha ocurrido con el metro. Estamos encerrados en casa, manteniendo las distancias y saliendo solo para lo imprescindible y sin embargo, por falta de trenes, el metro iba abarrotado. Eso no puede ser". Para Fraile, la clave pasa por ser "disciplinados y hacer lo que dicen las autoridades sanitarias. No se puede colapsar la sanidad por culpa de no hacer bien las cosas. Sería un desastre para todos". Consciente de que el coronavirus ha esculpido un escenario inimaginable, complejo y repleto de aristas donde la salud, el bien más preciado del ser humano, está en juego, Pello Bilbao subraya el movimiento vecinal como un elemento cohesionador de la sociedad en tiempos de zozobra. "En Gernika existe una red de voluntarios para ayudar a los más vulnerables. En ese sentido animo a los que menos riesgos tenemos a ayudar: ya sea yendo a la compra, cuidando niños?", expone Pello Bilbao sobre el rodillo.

El patógeno ha borrado las rutas de entrenamiento de la rutina de los ciclistas profesionales. Carretera cortada. Callejón sin salida. "De momento es lo que hay, veremos qué pasa de aquí en adelante. Pero estos días, hasta que se aclare si podemos salir o no a entrenar a la carretera toca estar atado al rodillo", desembala el gernikarra, que fue de los pocos en concluir la París-Niza, mientras rueda sobre una bici de competición que no avanza, clavada sobre un invento que simula el movimiento. Un simulacro ante una situación vertiginosa. En la calle llueve sin descanso. Sobre el rodillo, a los que se esposan los corredores ante la falta de carreteras, no decae el ritmo.

"En lo posible se trata de limitar la pérdida de forma. Con un entrenamiento así es imposible mantener la forma. Eso está claro", describe el gernikarra, que siente que "si esta situación se alarga en el tiempo se perderá todo el trabajo de pretemporada. Habrá que empezar prácticamente desde cero. Eso nos lleva a un escenario de incertidumbre porque no sabemos ni si se podrá correr". Fraile es de la misma opinión que su colega. "Olvídate de mantener la forma. Es imposible. Si tienes que entrenar un mes en rodillo será un desastre. Se me hace difícil entrenar en rodillo. Habrá que ir día a día", sugiere el santurtziarra. De momento. y a la espera de recibir permisos para salir a la carretera a prepararse ?en Italia, los ciclistas profesionales disponen de un permiso especial para poder entrenar siempre y cuando rueden en solitario y no paren por el camino? Pello Bilbao y Omar Fraile han puesto en marcha un plan de contingencia para mitigar el impacto de la falta de una adecuada preparación.

A LA ESPERA Es el sino para todos los profesionales. "La idea es hacer varias horas sobre el rodillo. Una primera sesión antes de desayunar y dos sesiones más antes de comer. La posición sobre la bici no deja estar tres horas seguidas, así que no se pueden meter grandes volúmenes de trabajo", señala el vizcaíno, consciente de que también deberá alterar la dieta mientras dure la clausura. "Yo entreno por la mañana con el rodillo y para la tarde dejo los ejercicios de core", apunta el ciclista del Astana. "Sobre el rodillo se gasta menos, así que para mantener el peso habrá que comer algo menos", indica el gernikarra. "El nutricionista nos ha dado unas nuevas pautas. Tenemos que comer bastante menos e introducir más verdura y fruta a la dieta", descubre Fraile.

Todo esta batería de medidas no garantiza mantener la forma. "Se trata de limitar la pérdida y no perder mucho músculo", argumenta Pello Bilbao. Ninguno de los dos cree que salir a entrenar en solitario produzca "ningún daño", si bien entiende que "hay que respetar las decisiones adoptadas". "Estamos a la expectativa de saber si nos dan permiso o no, pero si se aplica el sentido común, si se toman precauciones, no supondrá un riesgo para el resto de personas que podamos entrenar, eso sí, en solitario, sin grupeta", diseccionan ambos ciclistas, muy concienciados respecto a los tiempos inciertos que se han colado con virulencia en las vidas de todos, sin distinciones. Nadie es más rápido que la pandemia. Nadie corre tan rápido como el Covid-19. El rodillo continúa su infatigable zumbido.