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Nerea Mazkiaran
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En un día gris y pasado por agua, la magia del carnaval transformó el sábado buena parte de los pueblos de Sakana, un día para meterse en la piel de otros personajes, reales o inventados, de jugar con el tiempo, de cambiar de sexo o condición. Y es que todo es posible en esta fiesta. Mientras algunas cuadrillas tiraron de imaginación y creatividad, otras, más comodonas, se conformaron con trajes made in PRC en un mundo lleno de color en el que todo el mundo tenía cabida. Era el caso de Irurtzun, Uharte Arakil, Lakuntza, Arbizu y Etxarri Aranatz.
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En un día gris y pasado por agua, la magia del carnaval transformó el sábado buena parte de los pueblos de Sakana, un día para meterse en la piel de otros personajes, reales o inventados, de jugar con el tiempo, de cambiar de sexo o condición. Y es que todo es posible en esta fiesta. Mientras algunas cuadrillas tiraron de imaginación y creatividad, otras, más comodonas, se conformaron con trajes made in PRC en un mundo lleno de color en el que todo el mundo tenía cabida. Era el caso de Irurtzun, Uharte Arakil, Lakuntza, Arbizu y Etxarri Aranatz.
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En un día gris y pasado por agua, la magia del carnaval transformó el sábado buena parte de los pueblos de Sakana, un día para meterse en la piel de otros personajes, reales o inventados, de jugar con el tiempo, de cambiar de sexo o condición. Y es que todo es posible en esta fiesta. Mientras algunas cuadrillas tiraron de imaginación y creatividad, otras, más comodonas, se conformaron con trajes made in PRC en un mundo lleno de color en el que todo el mundo tenía cabida. Era el caso de Irurtzun, Uharte Arakil, Lakuntza, Arbizu y Etxarri Aranatz.
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En un día gris y pasado por agua, la magia del carnaval transformó el sábado buena parte de los pueblos de Sakana, un día para meterse en la piel de otros personajes, reales o inventados, de jugar con el tiempo, de cambiar de sexo o condición. Y es que todo es posible en esta fiesta. Mientras algunas cuadrillas tiraron de imaginación y creatividad, otras, más comodonas, se conformaron con trajes made in PRC en un mundo lleno de color en el que todo el mundo tenía cabida. Era el caso de Irurtzun, Uharte Arakil, Lakuntza, Arbizu y Etxarri Aranatz.
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