Siempre puedes confiar en la familia, incluso para cometer un crimen. Esta es la tarjeta de presentación que invita a querer saber qué hay detrás de la última novela del Txemi Parra. Un asunto de familia es sin duda la confirmación del escritor bilbaino como una de las voces más potentes del reconocido euskal noir.

El Anboto, un baserri cargado de historia, vínculos familiares tensos y una atmósfera donde afloran los celos y el poder. Sin desvelar demasiado, ¿qué elementos ponen en marcha esta historia?

Una pareja, Julen y Alba, suben al Anboto la noche de San Juan. Él le quiere enseñar a ella, que es una bailarina canaria que vive en Milán, la mitología y la leyenda de Mari. Pasan juntos la noche. Ella despierta y se encuentra a su pareja boca abajo rodeada de sangre. Baja al baserri donde vive la madre de Julen. Cuando la Ertzaintza llega al lugar se encuentra con que la persona que está muerta no es Julen. ¿Quién es? 

Siempre recurre a escenarios locales, cercanos, los enclaves de su infancia: Plentzia, Atxondo, Durango... ¿Le inspira más el Anboto que urbes como Nueva York o París en las que ha vivido? 

Es verdad que es el tipo de novelas que me gusta hacer a mí, que son atmosféricas, muy sensoriales, en las que puedes llegar a sentir el frío (o eso pretendo), y se prestan mucho esos paisajes más cerrados de montaña, de comunidades más pequeñas. Es todo lo contrario a Nueva York, que es la gran ciudad. Pero en este libro también hay trama en flashback que transcurre en Milán. 

En todas las familias cuecen habas, que dice el refrán. Qué difíciles son a veces las relaciones familiares, ¿verdad?

Sí, todos tenemos cosas que callar de las nuestras. La familia es un territorio literario muy potente. Ahí está para toda la vida, para lo bueno y para lo malo. Y en la de los Elordi hay de todo, como en todas. 

Usted es otro exponente más de la generación que forma parte de la ya reconocida euskal noir. ¿Se siente parte de esa tribu?

Más que eso, somos amigos y nos ayudamos, nos pedimos consejos, vamos a las presentaciones... Es cierto que han puesto esa etiqueta a una generación de autores vascos que nos conocemos todos. 

Txemi Parra durante la entrevista en Bilbao. Borja Guerrero

¿Y qué tiene Euskadi que inspira tanto a esta generación? Javier Castillo nos contó que se había planteado escribir una novela ambientada en el Norte, pero que el terreno “estaba bien cubierto”. 

Es que somos muchos. Pero qué voy a contar yo de mi tierra que no se sepa... Nuestro clima, los paisajes, nuestra forma de ser…, el Norte tiene ese plus que atmosféricamente da mucho pie a crear historias.

Escritor pero también cómico, monologuista, guionista, actor... ¿Con qué faceta disfruta más? 

Es difícil pero yo creo que al final disfrutas del proyecto en el que estás, sea un monólogo, una obra de teatro, un guion de televisión… Yo disfruto mucho actuando, no lo puedo negar, pero ahora con la edad me siento más cómodo escribiendo porque me permite estar con mi familia y trabajar con varios proyectos a la vez, sea teatro, tele… Al final, tu portátil es tu oficina. 

Hablemos de la revolución de las plataformas. Usted que lleva ya muchos años en este mundillo, ¿cómo ha vivido el cambio?

Ha sido brutal. Efectivamente hay muchas plataformas y también más oportunidades, pero ha cambiado todo el sistema de trabajo. Antes los equipos eran más estables, más grandes, donde la creación y el proceso era integral, de principio a fin. Ahora los equipos son mucho más pequeños y está todo más diseminado y fragmentado. Todo el mundo es freelance. Te llaman para hacer un guion, lo entregas; te llaman para hacer otro guion, lo entregas. Lo bueno es que hay más oferta. Antes hacíamos todos lo mismo y ahora puedes ver cosas totalmente distintas, y eso está muy bien.

Apasionado del surf, nunca falta una referencia en sus novelas. ¿Para cuándo un crimen surfero?

Estoy trabajando en algo así con Mikel Santiago para televisión. Estamos escribiendo un guion juntos. Hay thriller, hay muerte y hay mar… Y hasta aquí puedo leer.

Al hilo de esto que me cuenta, ¿escribe pensando que sus novelas podrían convertirse en un guion para una serie?

No, pero como llevo 20 años de guionista, sí que tengo una manera de escribir que es muy audiovisual, que va mucho con jugar con imágenes, con cambiar constantemente de escenarios, con mezclar tramas... Como los saltos en flashback que hay en esta novela del baserri de los Elordi a Milán. En ese sentido, sí que tengo una manera de escribir muy audiovisual, pero no es mi objetivo. Yo vengo de la tele y mi vocación cuando escribo un libro es que la gente lo lea. A mí me hace mucha ilusión ver a la gente leyendo mi libro físico.

¿Más que unas buenas audiencias?

Mira, cuando hacemos las presentaciones de los libros, o cuando vamos a los clubs de lectura, te encuentras con gente que te ha leído y te habla directamente. En la tele, tú lo escribes un guion y nadie va a hablar contigo, ni te conocen. 

La magia de un libro…

Pensar que hay gente que ha pasado tiempo, el que sea, leyendo y acompañado de tus personajes, eso es algo que solo lo dan los libros.