Osasuna regresó de Anoeta con una manita que pudo ser incluso mayor. Duele y escuece mucho. No hay lugar para la excusa ni para la explicación porque los partidos duran 90 minutos y no sólo los 20 que has jugado más o menos decente. Enrojece e irrita porque rompe con una línea de trabajo que había supuesto una esperanza de permanencia. Pica y molesta por esa bajada de brazos que realizó el equipo ante esos 2.000 incondicionales rojillos que se desplazaron hasta Donosti para llevar en volandas a su equipo hacia un buen resultado, y no para comer pintxos por el Casco Viejo donostiarra, y que siguió animando hasta el último segundo del partido a pesar de la goleada y del decepcionante fútbol rojillo.
Ciertamente, Osasuna tuvo un lapsus importante en su buena línea de juego y resultados. Salió a jugar a verlas venir, a mantener su portería a cero, pensando que el desgaste extra que tendría que realizar la Real Sociedad jugaba a su favor conforme pasasen los minutos. En esta ocasión no le valió más que media hora. Le sirvió mientras el partido estuvo en esa dinámica de poco ritmo y escaso juego, en definitiva cuando el partido estuvo en los parámetros de no creación ni de fútbol ni de ocasiones con una Real que se limitaba a llevar la iniciativa y un dominio anecdótico. A Osasuna le bastó tener bien juntas sus dos líneas de cuatro para no sufrir agobios. Sin embargo, a ese orden defensivo le faltó más compromiso ofensivo a la hora de ir a por el partido. Y eso fue así, porque sus bandas, sobre todo la derecha, no se ofrecieron, mientras que por el centro De las Cuevas pasó de puntillas por Anoeta. Oriol Riera fue como un islote sin conexión.
Eso fue jugar con fuego. A la Real Sociedad le fue suficiente pasar de jugar horizontal a practicar un fútbol más vertical, buscando las espaldas de los defensas rojillos, para hacer temblar al bloque rojillo. Un cambio que trajo consigo más faltas y córners a favor de la Real y abrir con ello un frente que fue letal para Osasuna: la estrategia. En esta ocasión, el trabajo de Tajonar no dio sus frutos porque la Real supo desequilibrar a la zaga contraria con rápidos movimientos, dejando estáticos a unos defensas rojillos demasiado inocentes, obteniendo un premio justo en este tipo de acciones: tres goles en dos córners y una falta lateral. Y aun pudieron ser más.
Otro de los aspectos preocupantes de Osasuna fue ver que al equipo le entró el tembleque al recibir el primer gol. La Real presionó bien la salida de Osasuna y noqueó a los rojillos impidiendo cualquier tipo de reacción. Un KO. que se convirtió en definitivo cuando nada más comenzar el segundo tiempo encajó el segundo en la salida de un córner y Lotiés fue expulsado. A partir de ahí, Gracia empezó a hacer cambios pensando ya en el partido de Almería, en el grave problema que va a tener en bandas y con las bajas de Lotiés y De las Cuevas, que incrementan el déficit que arrastraba Osasuna en sus bandas. La Real también empezó a pensar en su próximo compromiso europeo, pero con un partido muy abierto y roto no fue extraño que al final despidiese a Osasuna con una humillante goleada. A Osasuna no le queda otra que hacer borrón y cuenta nueva y demostrar ante el Almería que lo de ayer fue un simple accidente en su recuperación.