pamplona - Símbolo de una nefasta gestión económica, emblema de despilfarro de tiempos más boyantes, el Navarra Arena yace como un gigante dormido esperando algún tipo de uso que comience a justificar tan contundente inversión.
Para desempolvarlo y evitar que caiga en el olvido, el Gobierno organizó ayer una jornada de puertas abiertas para los medios gráficos, donde se comprobó in situ el estado actual del recinto deportivo.
Imponente sería un buen término para describir al Navarra Arena. Una instalación que a golpe de vista parece completa, pero que todavía carece de elementos fundamentales tal y como señala Rubén Goñi, director gerente del Instituto Navarro de Deporte y Juventud. “Faltan los sistemas de señalización, emergencia, tema de barandillas en las gradas, vestuarios, mobiliario, equipamiento y marcadores”, indica.
En total se calcula que la obra está ejecutada al 90% y el restante 10% se cifra en, aproximadamente, 6,9 millones. Una cantidad de dinero a la que hay que sumar otros gastos extra que han ido sucediéndose con el devenir de los acontecimientos. “Hay que tener en cuenta las reclamaciones que tenemos encima de la mesa. Existen 3,9 millones en reclamaciones y otro millón que está pendiente de sentencia”, puntualiza Goñi.
El montante total hace que el Arena se haya convertido en una pesada carga para el actual Ejecutivo que trata de, por un lado, reducir costes y, por otro, empezar a buscarle una salida útil.
La semana pasada ya se informó de que los gastos de mantenimiento se reducirían de 300.000 a 184.380 euros. Pero, ¿cómo se ha llevado a cabo dicho ahorro? “Hemos asumido con personal directo (Policía Foral) el sistema de vigilancia y seguridad. También se han reducido contratos de potencia de la luz. La calefacción depende del precio del gas”, responde el director del INDJ.
Otra duda que existía era en lo referente al tema de la seguridad del recinto ya que, al no tener uso, podría ser objeto de hurto de materiales. “No ha habido ningún robo. La instalación creo que se hizo de aluminio para evitar eso. Además hay sistemas de alarma conectados con la central y se patrulla en protocolo”, confirma.
El pabellón ha costado hasta el momento 56 millones de euros, sumando construcción y mantenimiento. Un importante varapalo a las arcas públicas y un sentimiento creciente de resignación en la ciudadanía que no entiende cómo puede permanecer en desuso. Esa incomprensión que se cierne sobre el recinto es el principal lastre que padece. “En la primavera de 2013 se paralizaron las obras y quedaron pendientes unos bloques más pequeños. No se ha ejecutado nada más, y está como estaba. Estamos sujetando eso, manteniéndolo, sin hacer nada más porque no ha habido más inversión”, resume.
La consejera de Cultura, Juventud y Deporte, Ana Herrera, afirmó hace escasos días que el Navarra Arena era una herencia “que está ahí” y que no se puede “echar hacia atrás en el tiempo y revertir lo que ya está hecho”, por lo que lo único que queda es buscar una solución “sensata”.
Sensatez es una palabra que no ha imperado durante la corta vida del pabellón. Un agujero económico que aumenta cada año y que desde el nuevo Gobierno quieren empezar a cubrir.
Ya hay plazos concretos para comenzar a rentabilizar la obra. “En octubre o noviembre vamos a presentar un plan de aperturas parciales. Estamos haciendo análisis de todas las opciones que pueden existir”, afirma Goñi.
futuro “Ahí habrá que tomar decisiones porque costaría 1,9 millones y estamos comprobando si eso se podría reducir. Una vez planteado, quedaría la toma de decisiones, los plazos y la proyección de esa inversión”, recalca.
La pista central -con un aforo cercano a los 10.000- se adaptaría a la mitad de capacidad para celebrar eventos, conciertos y exposiciones. El frontón por su parte puede acoger a unos 3.000 espectadores y está prácticamente terminado ya que solo falta construir el rebote. “Alguno decía: ‘saca la pelota y ponte jugar ”, bromea Goñi.
Por otra parte, el Navarra Arena ha comprometido económicamente a otras infraestructuras deportivas que dependen del Gobierno de Navarra, especialmente todas aquellas construidas durante finales de los 80 y principios de los 90. “Estamos estudiando un plan de modernización y reforma de instalaciones en Navarra y tendrá que decidir el Gobierno, una vez puestos los datos encima de la mesa, qué inversiones va a poder ejecutar”.
Goñi afirma con vehemencia que el momento en el que el Navarra Arena pueda exprimirse en su totalidad está todavía lejos, pero estos pequeños avances, arrojan esperanza sobre una infraestructura que, prácticamente, estaba catalogada de maldita.
Ayer, el Arena abrió sus puertas para unos pocos fotógrafos, que no carentes de curiosidad, se afanaban por sacar la mejor cara de una creación entristecida. Un pabellón colosal, unas cifras mareantes y una obra, que unos tildan de necesaria mientras que otros hablan de despilfarro. Mientras tanto, y en medio de la tormenta, descansa apacible el gigante que, aunque no sabe cuando despertará, comienza a ver una ligera luz de esperanza al final del túnel.
90% terminado. Desde el Ejecutivo aseguran que el 90% del pabellón está terminado y que el 10% restante corresponde a señalizaciones, barandillas, vestuarios, equipamiento y marcadores.
El ahorro. Los gastos de mantenimiento se han reducido en 115.620 euros gracias a que ahora la Policía Foral se encarga de la vigilancia y se han reducido gastos en facturas de electricidad.