La natación no tiene edad
Las veteranas Vicky de Luis, Esther Fernández, Charo Arguiñáriz, Natividad Iraizoz y Lidia Echegaray ganan Campeonatos de España por relevos, siguen batiendo récords y no se ponen límites a la hora de seguir mejorando
Lidia Echegaray, Natividad Iraizoz, Charo Arguiñáriz, Esther Fernández y Vicky de Luis son cinco mujeres, amigas desde la infancia y compañeras de cloro. Entre todas suman más de 280 años, pero cuando se colocan en el poyete de salida la edad se diluye y vuelven a ser aquellas niñas que entrenaban apretadas en dos calles bajo el silbato de su entrenador Juancho. Actualmente, arrasan en los Campeonatos de España Sénior por relevos, baten récords de España y no tienen ninguna intención de parar.
Nacieron en Pamplona a comienzos de los años cincuenta y crecieron en el mismo club navarro, cuando el Club Natación era “como una familia”. “Éramos muy pocos y nos conocíamos todos. Los críos por un lado, los padres por otro, pero al final todos mezclados”, recordaron las nadadoras.
Durante el invierno, Lidia, Nati, Charo, Esther y Vicky coincidían en la misma piscina cubierta, lo que comenzó a fortalecer la relación entre las nadadoras. Aquella convivencia forjó amistades que han sobrevivido al paso del tiempo, a las profesiones, a los hijos —que también comparten afición— y a los inevitables cambios de la vida. Su primer gran referente fue Juancho González, entrenador de varias generaciones. “Éramos cien mil en dos calles. Nos tocábamos los pies, la cabeza, el culo… También nos escaqueábamos en las gradas y Juancho siempre nos amenazaba con el silbato”, exageraron con cariño.
Lidia Echegaray aprendió a nadar gracias a su madre. Sus primeros entrenamientos organizados comenzaron de pequeña con un técnico que viajaba desde Madrid y la natación siempre estuvo presente en su vida. Fue el reencuentro con antiguas compañeras lo que le reactivó el gusanillo de la competición. Y, aunque esta orgullosa del trabajo de todo equipo para ganar los Campeonatos de España, guarda las medallas en una caja, no las exhibe. Para ella la clave es sencilla: “Si tienes salud, la edad no tiene límites, a pesar de que mis amigos piensen que estamos un poco locas”, dijo riendo.
Vicky de Luis empezó con once o doce años y vivió la transición de las piscinas de verano a la cubierta. Durante la etapa laboral y de crianza de sus hijos nadó poco. Tras la jubilación volvió primero a las aguas abiertas y después, casi sin buscarlo, a la competición máster. “Ha sido muy gratificante encontrar el grupo y volver a competir”, aseguró. Además, reconoció los nervios antes de cada prueba, pero también el orgullo de su familia, que la anima y celebra cada campeonato.
Esther Fernández nadó desde los siete hasta los dieciocho años y luego dejó la piscina durante 44 años. Cuarenta y cuatro. Volvió tras la jubilación casi desde cero. “Al principio apenas hacia 100 o 200 metros, pero poco a poco me fui picando”. Hoy compite y siente que se ha superado a sí misma y afirmó que sigue siendo la más nerviosa del grupo: “De joven lloraba antes de las pruebas, ahora ya no lloro”.
Charo Arguiñáriz, socia del club desde hace seis décadas, también dejó la natación durante años. El ambiente regresó gracias a sus hijos, que competían y la devolvieron a la piscina. Tras jubilarse, se animó a entrar en el equipo máster. “Volver me ha dado vida”, aseguró. En algunas competiciones coincide con su hijo: “Es gracioso y nos divertimos mucho”, apuntó la navarra.
La natación máster, que organiza a los deportistas a partir de los 25 años en categorías de cinco en cinco, llegó a cada una de manera diferente, pero con un denominador común: Nati Iraizoz. Todas la señalan como la líder del grupo, pues fue quien insistió, quien animó y quien convenció a las demás para sumergirse en la competición. Tras años vinculada al club, la pamplonesa hace casi quince años que decidió entrenar de manera más seria como nadadora máster. Ha competido a nivel nacional e internacional y ha logrado hasta 12 récords de España, aunque algunos pendientes de tramitar por parte de la Federación. “A veces da pereza meterse al agua, pero una vez que estoy dentro doy el máximo”, explicó. “ Sin ella probablemente ninguna nos habríamos animado a volver a los campeonatos”, reconoció Charo Arguiñáriz. Gracias a ese empuje, Lidia, Esther, Charo y Vicky redescubrieron la emoción de competir tras décadas fuera del agua.
Entrenar a los 70
Entre todas superan los 280 años, cifra que da nombre a la categoría en la que compiten los relevos. Y que, cuando la escuchas por primera vez, impresiona. “Yo oía hablar del 280 y no entendía nada. Pensaba que era un tiempo, hasta que me dijeron que era la suma de nuestras edades. ¡Menudo susto!”, confesó Vicky de Luis.
Pero lejos de intimidarlas, el número se convirtió en reto. En los relevos +280 han llegado a tener casi todos los récords de España de su categoría. El único que les faltaba también lo rebajaron recientemente, mejorando la marca en más de un minuto. Sin embargo, una salida anticipada provocó la descalificación. “Fue una lástima”, admitieron las nadadoras, “pero sabemos que lo podemos volver batir”.
Entrenan con regularidad, con planificación específica y adaptada a cada una, pero, más allá de los resultados, las cinco destacaron el impacto físico y mental del entrenamiento: “Sales oxigenada. La mente cambia y hace que te levantes con un objetivo. Si no, ¿qué haces? ¿Quedarte en casa sin más? Esto te obliga, te activa”.
Volver a competir también les ha hecho redescubrir la natación. “Creía que lo sabía todo. Y no sabía casi nada”, explicó Vicky de Luis. La técnica ha evolucionado: salidas, cómo dar la vuelta, la posición de la mano, de la espalda, de la cabeza... “Antes era nadar metros y metros. Ahora es calidad, análisis, detalles”, puntualizó Nati Iraizoz.
También reconocieron los achaques que sufren. Fracturas vertebrales, cataratas, problemas cardíacos. “Los tenemos todos”, explicó Esther Fernández sin dramatismo. De hecho, Vicky de Luis pensó el verano pasado que no volvería a competir tras una lesión importante en la espalda. Sin embargo, defienden el agua como medicina física y mental.
Podría pensarse que, con décadas de experiencia a sus espaldas, los nervios desaparecen. Nada más lejos de la realidad. “No dormí la noche antes del 400”, confesó Nati. Charo recordó la impresión de compartir serie con nadadoras de poco más de 20 años: “Las miré y pensé que podrían ser mis nietas. No compites contra ellas, pero impresiona”.
Aun así, el ambiente máster es uno de los grandes atractivos. “Hay muy buen ambiente. Compartes con gente de tu edad, te animas, te reconoces. Sales nerviosa, pero luego compensa”, contó Esther.
Además, todo lo hacen por su cuenta. Pagan inscripciones, los viajes a los campeonatos y la equipación. Lo hacen por pasión. “Yo siempre decía que si el club me pagaba el gorro y una camiseta, fichaba por ese club”, bromeó Nati. Pues actualmente es su entrenadora Saioa quien paga los gorros.
Aunque reconocen avances con la nueva junta de la Federación Navarra, también reivindican mayor reconocimiento para la natación navarra: “Antes nos trataron como la cuadrilla de viejos, ahora están intentando reparar todo y sacarlo adelante”.
Lamentan que campeonatos de España, subcampeonatos juveniles o récords nacionales pasen desapercibidos. “No pedimos portadas. Solo que se cuente”, dijeron las protagonistas. Incluso algunas marcas nacionales no fueron tramitadas correctamente a la Federación Española. “Bastante cuesta entrenar como para estar todo el día peleando por eso”, confesó Nati Iraizoz.
El siguiente objetivo está claro: el Campeonato de España de verano. Allí intentarán volver a rebajar esa marca del relevo +280 que ya saben que pueden mejorar. Porque si algo han descubierto en esta nueva etapa es que todavía son capaces. Capaces de entrenar, de superarse, de ponerse nerviosas como adolescentes y de celebrar cada pequeña mejora.