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Irán promete venganza tras la muerte de Jamenei y se adentra en territorio desconocido

Oriente Próximo contiene la respiración mientras Teherán promete “quemar los corazones” de Israel y EEUU

Irán promete venganza tras la muerte de Jamenei y se adentra en territorio desconocidoABEDIN TAHERKENAREH / EFE

La República Islámica de Irán se adentra en un terreno desconocido, entre el duelo y la guerra, tras confirmar ayer la muerte del ayatolá Ali Jameneí, líder supremo de Irán desde 1989. El ataque conjunto de Estados Unidos y Israel marca así un punto de no retorno en Oriente Medio: Jameneí murió junto a varios altos cargos militares y políticos en una operación que, según reveló The New York Times, fue posible gracias a meses de seguimiento de la CIA.

El presidente iraní, Masud Pezeshkian, apareció ayer en la televisión estatal para confirmar la muerte y declarar el inicio de una etapa incierta. Vestido de negro, habló de “gran tragedia” y de “martirio” y elevó el tono hasta convertir la muerte del clérigo en una “declaración abierta de guerra contra los musulmanes”. En un comunicado posterior, fue aún más explícito: el asesinato del “más alto cargo político de la República Islámica” por parte del “eje maldito estadounidense-sionista” legitima, dijo, da el derecho de Teherán a vengarse.

La República Islámica no tardó en traducir las palabras en hechos. Las alarmas antiaéreas volvieron a sonar en Tel Aviv y Jerusalén mientras andanadas de misiles iraníes cruzaban el cielo causando al menos la muerte de al menos nueve personas en la localidad israelí de Beit Shemesh, cerca de Jerusalén. El Mando del Frente Interior israelí activó la alerta general tras detectar varios proyectiles dirigidos al centro del país y al valle del Jordán. En paralelo, el Ejército israelí anunció que, por primera vez, atacaba “el corazón” de Teherán bajo la dirección de su Inteligencia. Uno de los bombardeos destruyó el cuartel general de los Basij, fuerza paramilitar clave en la represión de protestas. En Tabriz, dos cazas iraníes quedaron reducidos a chatarra en una base aérea.

“Nuestras fuerzas están atacando el corazón de Teherán con potencia creciente, y esta no hará más que aumentar aún más en los próximos días”, advirtió el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

Vista aérea del complejo donde se encontraba el ayatolá Ali Jameneí, líder supremo de Irán desde 1989, bombardeado por el Ejército israelí

La espiral se extendió por la región. En Dubai, Emiratos Árabes Unidos confirmó dos heridos por restos de un dron interceptado. En Manama y Doha se registraron explosiones atribuidas a cohetes iraníes; al menos cuatro personas resultaron heridas en Bahréin y 16 en Qatar. Kuwait reportó un fallecido. En Irak, el Mando de Operaciones Conjuntas confirmó heridos tras el impacto de cohetes en Basora y el derribo de drones en la base aérea Imam Ali, en Dhi Qar. Omán, mediador tradicional entre Washington y Teherán, denunció ataques contra el puerto comercial de Duqm y contra el petrolero Skylight frente a Musandam; su tripulación fue evacuada.

Dentro de Irán, el acceso a internet cayó a mínimos. El portal NetBlocks informó de un apagón que dejó la conectividad nacional en apenas el 1% de sus niveles habituales. Las agencias locales reportaron además la muerte de 12 miembros de la Guardia Revolucionaria en Isfahán. La Media Luna Roja calcula más de 200 fallecidos desde el inicio de los bombardeos. “Las Fuerzas Armadas actuarán con firmeza para destruir las bases de los enemigos”, prometió Pezeshkian. Su propio hijo, Yousef, aseguró que los intentos de asesinar al presidente no habían tenido éxito.

Desde Washington, el presidente Donald Trump advirtió que responderá con “una fuerza nunca antes vista” si Irán cumple su amenaza de lanzar una ofensiva histórica contra intereses estadounidenses e israelíes. Horas antes, en una entrevista televisiva, sugirió que la desaparición del líder supremo podría facilitar una salida diplomática. “Ahora es mucho más fácil que hace un día”, afirmó, al tiempo que aseguró que la operación Furia Épica “está avanzando rápidamente. Nadie puede creerse el éxito que estamos consiguiendo. 48 dirigentes ya no están, de una tacada. Y está avanzando rápidamente”, insistió Trump, que anunció que el nuevo triunvirato que dirige Irán “quieren hablar y he accedido a hablar, así que vamos a hablar con ellos. Tendrían que haberlo hecho antes. Deberían de haber cedido antes en algo que es muy práctico y fácil. Han esperado demasiado”.

Pero el lenguaje en Teherán no apunta a la conciliación. La Guardia Revolucionaria prometió un castigo “duro y decisivo”. Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, habló de “quemar los corazones” de quienes, a su juicio, han incendiado el del pueblo iraní. Las autoridades decretaron 40 días de luto y convocaron concentraciones masivas. En Teherán, miles de personas vestidas de negro ondearon banderas y retratos del líder caído. Escenas similares se repitieron en Isfahán, Shiraz, Mashhad y otras ciudades.

Según la reconstrucción publicada, la CIA aprendió durante la guerra de doce días del año pasado cómo se movían y comunicaban Jamenei y los mandos de la Guardia Revolucionaria. Cuando detectó una reunión clave en el complejo residencial del líder, Washington y Tel Aviv retrasaron el ataque nocturno previsto para aprovechar la concentración de objetivos. A las 9.40 hora local, los misiles impactaron. Murieron, entre otros, el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohamad Pakpur; el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh; y el asesor Ali Shamjani.

Oriente Medio contiene la respiración ante la posibilidad de un conflicto más amplio. Irán ha prometido que empleará “todas sus capacidades” para ajustar cuentas mientras Israel asegura que continuará degradando las capacidades del régimen. Mientras, en Teherán, aunque bajo las explosiones, la transición ya ha comenzado.

El moderado que gobernó con mano de hierro

El ayatolá Ali Jamenei murió el sábado en los bombardeos lanzados por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica, según confirmó ayer la televisión estatal iraní. Con su fallecimiento se cierra una etapa de casi 37 años al frente del sistema político-religioso iraní, que dirigía desde 1989.

Nacido el 16 de julio de 1939 en la ciudad santa de Mashad, en el seno de una familia de clérigos chiíes, Jameneí se formó en estudios coránicos en Nayaf y más tarde en Qom, además de cursar estudios en la Universidad de Teherán. Desde comienzos de los años sesenta participó activamente en el movimiento islamista contrario al sha Reza Pahlaví y fue encarcelado en varias ocasiones antes del triunfo de la Revolución Islámica de Irán. Tras la caída del régimen monárquico en 1979, ocupó cargos clave en el nuevo Estado: fue miembro del Consejo de la Revolución, diputado del primer Parlamento y participó en el Consejo Supremo de Defensa durante la guerra con Irak. En 1989, tras la muerte del ayatolá Ruholá Jomeini, fue designado su sucesor como guía supremo.

Caracterizado por su turbante negro y su barba blanca, Jameneí concentró amplios poderes como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y máxima autoridad política y religiosa. Aunque en sus inicios fue considerado moderado, con el tiempo endureció su discurso contra EE.UU. e Israel, a los que señaló como principales “enemigos” de la nación. Bajo su liderazgo, Irán afrontó protestas internas –como las de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini– y una creciente confrontación regional.

En los últimos meses, prometió un destino “amargo y doloroso” para sus adversarios. Su muerte abre ahora un periodo de incertidumbre.

Arafi liderará el proceso de transición

El ayatolá Alireza Arafi, de 66 años, fue nombrado ayer como el tercer miembro del consejo interino que liderará el país tras la muerte del líder supremo de Irán, Ali Jameneí, informó la Asamblea de Discernimiento de Conveniencia del Sistema. Arafi, un jurista del Consejo de los Guardianes, asume junto al presidente de Irán, Masud Pezeshkian, y el jefe del Poder Judicial iraní, Golamhosein Mohseni Eyei.

El tercer miembro del consejo es clérigo y jurista chií que actualmente ejerce como presidente del Centro de Gestión de los Seminarios Islámicos del país, miembro del Consejo de Guardianes y segundo vicepresidente de la Asamblea de Expertos para el Liderazgo. “A los 66 años, Alireza Arafi encarna el entrelazamiento entre la autoridad religiosa y la influencia política que define la estructura de poder de Irán”, según medios locales.

El consejo interino queda así completo para liderar el “periodo de transición” tras la muerte de Jamenei en los ataques de Estados Unidos e Israel tras 37 años en el poder.

Según la legislación iraní, el organismo encargado de elegir al líder supremo es la Asamblea de Expertos, cuerpo formado por 88 clérigos que se elige en las urnas cada cuatro años, la última vez en las elecciones de marzo de 2024.

El líder supremo de Irán es la máxima autoridad política del país. Suya es la potestad para definir las políticas generales de la República Islámica y la designación de altos cargos como el mando de las Fuerzas Armadas, al presidente del Poder Judicial, al jefe de la televisión pública o al comandante en jefe de los poderosos Guardianes de la Revolución, según la Constitución del país.

También elige directamente a la mitad de los miembros del Consejo de los Guardianes, cuerpo que veta a los candidatos –la otra mitad la designa el jefe del Poder judicial, al que elige también el líder supremo– y de hecho firma el decreto que formaliza la elección de un presidente.

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La televisión estatal iraní anunció la madrugada del domingo la muerte de Jamenei en su oficina en los ataques contra la República Islámica, una información que fue más tarde confirmada por el Gobierno y otros organismos.

También se confirmó la muerte de otros altos cargos como el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria de Irán, el general Mohamad Pakpur, y el secretario del Consejo de Defensa, Ali Shamjani.