En un intento por desbloquear la asfixiante situación diplomática y económica, el Gobierno de Irán ha presentado a EE.UU. una nueva propuesta de negociación que busca separar el fin del conflicto bélico de la espinosa cuestión nuclear. Según fuentes cercanas al proceso y reportes de medios internacionales, el plan de Teherán consiste en acordar un alto el fuego prolongado o el fin definitivo de la guerra y la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, dejando para una fase posterior las conversaciones sobre su programa de enriquecimiento de uranio. Esta oferta surge en un momento de máxima tensión, marcado por el bloqueo naval y la ausencia de contactos directos entre las delegaciones de ambos países, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el impacto en los mercados energéticos globales.

El portal digital estadounidense Axios, citando a un funcionario de la administración de Donald Trump y a otras dos fuentes anónimas con conocimiento directo del asunto, reveló que la propuesta iraní fue trasladada a través de mediadores pakistaníes. El núcleo de la oferta plantea que las negociaciones nucleares comenzarían únicamente después de que se garantice la apertura del estrecho de Ormuz y se levante el bloqueo naval que Washington implementó el pasado 13 de abril sobre todos los buques que intentan alcanzar o salir de puertos iraníes. El objetivo de la República Islámica es aliviar de forma inmediata la presión militar y económica antes de abordar las exigencias de EE.UU., que reclama la suspensión del enriquecimiento de uranio por al menos una década y la retirada del material ya procesado fuera del territorio iraní.

A pesar de la relevancia de este movimiento diplomático, la recepción en la Casa Blanca ha sido, hasta el momento, de cautela y escepticismo. El propio presidente Donald Trump confirmó este sábado que la oferta llegó apenas diez minutos después de que él ordenara cancelar el viaje de sus enviados especiales a Islamabad, Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes tenían previsto reunirse con la contraparte iraní. Trump manifestó que la propuesta actual no le satisface y, en una entrevista ofrecida a Fox News, dio a entender que su intención es mantener el bloqueo naval que está estrangulando las exportaciones de petróleo iraníes. El mandatario estadounidense confía en que esta medida de fuerza obligue a Teherán a ceder en las próximas semanas y tiene previsto estudiar con su equipo de seguridad nacional el estancamiento de las conversaciones para definir los siguientes pasos a seguir.

Una gira diplomática para "regionalizar la paz"

Ante el impasse directo con Washington, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abás Araqchí, emprendió una intensa gira internacional por Pakistán, Omán y Rusia. Este periplo es interpretado por analistas como Hamidreza Azizi como un intento de "regionalizar la paz", tratando de involucrar a países vecinos y aliados para crear un marco de negociación que resulte aceptable para la Casa Blanca. Araqchí, quien calificó su visita a Islamabad como "muy buena", señaló que en sus reuniones se revisaron las "condiciones específicas" bajo las cuales podrían continuar las conversaciones con EE.UU., subrayando que las demandas de Teherán "son muy importantes" para la soberanía del país.

El jefe de la diplomacia persa planteó este nuevo plan para eludir momentáneamente la cuestión nuclear durante sus encuentros con mediadores de Pakistán, Egipto, Turquía y Catar. Según fuentes diplomáticas, el liderazgo iraní aún carece de un consenso interno firme sobre cómo responder a las demandas estadounidenses de entregar su uranio enriquecido, lo que habría motivado la estrategia de postergar este punto. La televisión libanesa Al Mayadeen ha detallado que la hoja de ruta propuesta por Irán consta de tres fases diferenciadas: una primera etapa centrada exclusivamente en el fin de la guerra, una segunda fase para negociar los protocolos de apertura del estrecho de Ormuz y, finalmente, el inicio de las conversaciones sobre el programa nuclear.

El control del estrecho de Ormuz

Uno de los puntos de mayor fricción en la propuesta es la gestión del estrecho de Ormuz, una vía marítima de apenas 54 kilómetros de ancho por la que transita el 20% del crudo mundial. Desde el inicio de la guerra el pasado 28 de febrero, Irán ha mantenido un control estricto del paso, impidiendo el tránsito de petroleros y provocando que el precio del crudo se dispare por encima de los 100 dólares por barril. En su parada en Mascate, Araqchí se reunió con el sultán de Omán, Haizam bin Tariq, para discutir un sistema de control compartido y el posible establecimiento de peajes al tránsito marítimo, una iniciativa que el Parlamento iraní ya está traduciendo en legislación.

Sin embargo, esta pretensión iraní de cobrar tasas por el paso de buques choca frontalmente con la postura de Omán y el derecho internacional. El Gobierno omaní se opone a la imposición de gravámenes alegando que Ormuz es un paso natural y no artificial, como los canales de Suez o Panamá, y defiende la libertad de navegación en los canales navegables de 3,7 kilómetros que permiten la entrada y salida de embarcaciones. Esta discrepancia técnica se suma a la presión de los compradores globales de petróleo, quienes responsabilizan a EE.UU. de la tensión actual y exigen una solución que estabilice el mercado energético.

Desde Teherán, la postura interna se muestra inflexible. El portavoz de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, Ebrahim Rezai, afirmó con contundencia que EE.UU. "no tendrá otra opción que aceptar" las condiciones de Irán si actúa con racionalidad. Rezai enumeró las exigencias irrenunciables de la República Islámica: el reconocimiento del derecho al enriquecimiento de uranio, el pago de compensaciones económicas por los bombardeos israelí-estadounidenses sufridos durante el conflicto y la aceptación de la gestión iraní sobre el estrecho de Ormuz. Para el legislador conservador, la situación en el paso marítimo es "irreversible" y el mundo debe aceptar la nueva realidad impuesta por Teherán para reducir las tensiones globales. El futuro de la región depende ahora de si la Casa Blanca está dispuesta a aceptar un proceso de paz por etapas o si mantendrá el cerco naval hasta lograr una capitulación total de Irán en el ámbito nuclear.