Representantes de SOS Racismo han denunciado este martes en una sesión de trabajo parlamentaria las situaciones de violencia y discriminación implícita y explícita que sufren las trabajadoras del hogar, un sector muy feminizado y racializado.

Cecilia Themme, investigadora de SOS Racismo, ha presentado en comisión parlamentaria el informe "Expresiones de racismo y violencia contra las trabajadoras del hogar", que revela que una de cada dos empleadas racializadas ha sufrido discriminación, con expresiones racistas que se manifiestan en forma de humillaciones, agresiones verbales, insultos, burlas o comentarios despectivos.

El 50,5 % de las encuestadas afirma haber sufrido discriminación racial en primera persona, mientras que un 15,4 % declara haber sido testigo de actos racistas hacia otras compañeras. Además, el 85 % de las técnicas de intermediación laboral reconoce tener conocimiento de incidentes racistas, ya sea por relatos de terceros (50,4 %) o por haberlos presenciado directamente (34,2 %).

Dentro de esta cuestión, las personas participantes señalan como motivos de discriminación étnica-racial más recurrentes el origen (30,7 %), la falta de documentación (25,9 %), la nacionalidad (14,8 %) o el color de piel (12,7 %), se indica en el informe, realizado en seis comunidades, entre ellas Navarra.

Personas extranjeras

En este sector laboral, ha destacado Themme, se evidencia una concentración de participantes procedentes de países latinoamericanos, lo que implica que "el empleo del hogar y de cuidados del mercado laboral en el Estado español constituye un sector profundamente feminizado y racializado".

Esta realidad, ha dicho, "se vincula no solo a la feminización internacional de las migraciones en el contexto de la globalización que vivimos desde hace unas décadas y a la transformación del estado de bienestar, sino también a la insuficiencia y falta de accesibilidades a servicios públicos de cuidados con condiciones laborales dignas, así como la persistencia de una división sexual y racial del trabajo que se consolida en la sociedad española desde los años ochenta".

"A las mujeres en general se nos sigue asignando la responsabilidad principal de los cuidados gratuitos. Cuando hablamos de la externalización de los mismos, es cuando se pone el foco en las mujeres migradas", ha denunciado.

Themme ha explicado que las expresiones de racismo se manifiestan de forma implícita y explícita.

Operan de forma implícita a través de las condiciones laborales y contractuales: "Es decir, diferencias salariales basadas en el origen, el color de la piel o la situación administrativa, contratos verbales sin garantías, jornadas excesivas sin compensación económica, negación de vacaciones, descansos, bajas médicas o empadronarse en el domicilio en el que se trabaja y reside".

Especialmente, ha subrayado, afecta a las trabajadoras en régimen interno, aquellas en situación administrativa irregular y a las mujeres mayores.

"Esta lógica se vuelve especialmente visible en el momento de la contratación, donde operan estereotipos raciales que jerarquizan cuerpos y orígenes; por ejemplo, numerosas familias demandan perfiles muy concretos, una mujer de origen latinoamericano joven y sin cargas familiares, mientras excluyen a las mujeres africanas o musulmanas por prejuicios racistas o islamófobos", ha comentado.

Mecanismos de violencia

La investigadora de SOS Racismo ha mencionado asimismo que factores como "la hipervigilancia, la desconfianza sistemática, la infantilización y la desvalorización del trabajo" de las empleadas del hogar "funcionan como mecanismos de violencia simbólica que legitiman la sobreexplotación y dificultan la denuncia".

Todo ello, ha considerado, revela que el racismo "estructura la organización del trabajo de cuidados, dificultando el acceso efectivo a los derechos laborales y sociales de las trabajadoras".

Por su parte, ha expuesto, las expresiones racistas explícitas se concretan en "insultos, comentarios despectivos y humillaciones", así como "burlas en cuanto al acento, el color de la piel o la supuesta incapacidad para realizar otros trabajos".

Además, SOS Racismo ha presentado a la comisión su proyecto de casa de acogida en Berriozar, que cuenta con ocho plazas y en la que las mujeres pueden permanecer hasta un año.

Durante ese tiempo, ha manifestado Marta de Castro, se ofrece a las mujeres planes individualizados en aspectos como salud, empleo o formación, con el objetivo de que "puedan recuperar sus objetivos vitales".