El lesakarra Luis Mari Olaetxea Altzugarai subirá el lunes al mediodía al balcón del Ayuntamiento de Lesaka y será el encargado de lanzar el chupinazo que abrirá las fiestas de San Fermín de la localidad, los Sanfermines de Bortziriak.
La Comisión de Fiestas ha querido con este nombramiento reconocer al lesakarra “por su destacada trayectoria en favor del auzolan (trabajo comunitario) en beneficio del pueblo, una labor comunitaria que constituye uno de los pilares fundamentales de la vida social y cultural del municipio”.
Ilusión
Nacido en Lesaka el 27 de marzo de 1958, en el barrio de Nabaz, donde aun reside, Olaetxea afronta con ilusión el encendido del chupinazo, aunque subraya que el reconocimiento no es únicamente para él, “he recibido con mucha ilusión la invitación de la Comisión de Fiestas para lanzar el chupinazo, pero no soy el único que merece este reconocimiento”, afirma.
Tras lanzar el chupinazo, vivirá las fiestas con la tranquilidad que le da la experiencia. Si en su juventud fue miembro de la peña Frain y participó activamente en el ambiente festivo, ahora reconoce que quienes marcan el ritmo de sus Sanfermines son sus nietos. “Ahora donde más tiempo y dinero gasto es en las barracas con los nietos; ¡a la cartera le pegan un buen meneo!”, comenta entre risas.
Asegura que ya no es de trasnochar ni de recorrer los bares, “con mi edad me lo tomo con calma. A los bares no voy, me gusta salir a ver el ambiente”, explica. Entre los actos que más disfruta se encuentran el día de San Fermín, “quitando la misa”, y el Día de las Peñas, una jornada que le trae buenos recuerdos de su etapa en la peña Frain, “antes me gustaba participar, ahora disfruto más viéndolo”, señala.
"He recibido con mucha ilusión la invitación para lanzar el chupinazo, pero no soy el único que merece este reconocimiento”
Además, recuerda que en fiestas también hay auzolan de alguna forma y quiso volver a poner en valor el trabajo desinteresado de quienes hacen posibles las fiestas año tras año. “La Comisión de Fiestas, las peñas, las txosnas, el bar de la ikastola... todo eso se ha organizado y se sigue organizando gracias al trabajo voluntario. Tiene muchísimo mérito mantenerlo durante tantos años. Eso es solidaridad y tiene un valor enorme. Eso también es auzolan”.
Auzolan
Y precisamente a ello ha dedicado Luis Mari Olaetxea cuerpo y alma durante los últimos años. Ha recuperado recorridos como los caminos de Koskonta, el que une su barrio Nabaz con Bordaberri, el que va desde la borda de Mairuerregenea hasta el arroyo de Otsango, el camino de Ponpollegi o el Camino de los Difuntos. Destacan especialmente los puentes de madera construidos en estos dos últimos recorridos, así como los levantados sobre el arroyo de Berrotaran. También ha llevado a cabo otros trabajos como limpiar canales de agua, cortar árboles, ramas caídas, etc.
Deja una cosa clara, “no he trabajado solo y quiero agradecer la colaboración de Paxkual Taberna, Joxe Barbero, Danieltzo Tellegi y Patxi Errandonea” con quienes ha compartido buena parte de estos trabajos.
Su implicación comenzó en 2018, cuando decidió continuar el trabajo que hasta entonces realizaba otro vecino y recuerda que le dijo “cuando tú lo dejes, yo me encargaré de este camino”. A partir de entonces empezó a limpiar senderos y a abrir canaletas para evacuar el agua. “En un año hice 110 desagües. Son imprescindibles para que el agua no estropee los caminos”, explica.
En 2020 recuperó un sendero que había quedado bloqueado por los árboles caídos tras un temporal y, al año siguiente, acondicionó el camino de Ponpollegi después de conocer el testimonio del centenario Joxe Fagoaga, quien le contó que de niño lo recorría para acudir al mercado de Lesaka. “Fui a verlo y estaba lleno de tojos y zarzas y pensé, esto hay que limpiarlo, me puse manos a la obra y abrí un paso de cuatro metros de ancho, cortando la maleza. Más tarde, su hijo llevó a Joxe a verlo y me dijo que estaba muy emocionado”.
Uno de los trabajos de mayor envergadura fue la recuperación del antiguo Camino de los Difuntos junto a Joxe Barbero en 2022. “Cuando fui a verlo pensé: ‘¡Imposible!’. Había árboles caídos por todas partes y no se podía pasar”, explica. Tras varias jornadas de trabajo lograron reabrir un recorrido de 1,2 kilómetros.
Olaetxea reconoce que esta labor se ha convertido en una auténtica afición. “Esto es como una droga”, afirma. Actualmente mantiene entre seis y ocho kilómetros de senderos y asegura que el secreto está en realizar un mantenimiento constante. “Si los limpias cada año es mucho más sencillo; si los dejas, entonces sí que cuesta recuperarlos.”
El vecino de Nabaz insiste en que la conservación de este patrimonio depende, en buena medida, de la implicación ciudadana. “Lesaka tiene 55 kilómetros cuadrados y el Ayuntamiento no puede hacerse cargo de todos los caminos. O lo hacemos voluntariamente o los caminos desaparecerán”, asegura. En su opinión, sería positivo realizar un inventario de senderos y organizar pequeños grupos de trabajo por barrios, con el apoyo municipal en cuestiones como el seguro o el suministro de materiales.
“En muchos lugares esto ya se ha perdido completamente, ni siquiera entienden que alguien trabaje voluntariamente. Pero esta era la auténtica red social de antes. Nos juntábamos cinco, seis, siete u ocho personas, pasábamos una buena mañana, almorzábamos y charlábamos” afirma el lesakarra.
Este trabajo lo hace “porque le gusta y porque es una distracción enorme, el día que no pueda hacerlo, lo dejaré” concluye. l