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La Nueva Economía Navarra

La empresa navarra ante un mundo incierto

La empresa navarra ante un mundo inciertoIban Aguinaga

La estabilidad global vuelve a verse sacudida por un nuevo conflicto en Oriente Medio. Tras un año 2025 marcado por las subidas arancelarias impulsadas por Estados Unidos y por la persistencia de las guerras de Ucrania y Gaza, el inicio de 2026 sorprendió con una nueva e imprevisible escalada entre Israel, Estados Unidos e Irán. En apenas unos días, los mercados internacionales volvieron a sufrir fuertes tensiones y el precio de los combustibles traslada una nueva dosis de incertidumbre a la economía mundial, que afortunadamente podría reducirse si se confirma el fin de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.

Los efectos de este contexto geopolítico comenzaron a sentirse el pasado año en Navarra. Las exportaciones registraron una caída cercana al 6%, reflejo de una desaceleración que, paradójicamente, no estuvo provocada por el mercado estadounidense, sino por la debilidad de importantes destinos europeos y asiáticos. A ello se suman las dificultades que atraviesa buena parte de la industria europea, que se enfrenta a nuevos competidores y está inmersa en una compleja transición tecnológica y energética.

Sin embargo, en un escenario tan exigente también es justo reconocer la capacidad de adaptación de las empresas navarras. A pesar de las dificultades, la empresa navarra continúa demostrando profesionalidad, experiencia y valentía para competir en mercados cada vez más complejos. Lejos de replegarse ante la incertidumbre, muchas compañías han respondido buscando nuevas oportunidades, diversificando mercados y reforzando alianzas comerciales que les permitan reducir riesgos y ganar competitividad.

En este sentido, el avance de acuerdos estratégicos entre la Unión Europea y economías con gran potencial de crecimiento, como Mercosur o India, representa una oportunidad que Navarra debe aprovechar. La apertura comercial, la internacionalización y la diversificación siguen siendo algunas de las mejores herramientas para proteger el valor generado por la industria y evitar que el futuro económico quede condicionado por los vaivenes de un escenario internacional cada vez más imprevisible.

También conviene destacar las noticias positivas en materia de inversión extranjera. El reciente anuncio de la implantación de Hithium en Navarra, con una inversión prevista de 405 millones de euros y la creación de cientos de empleos, supone una excelente noticia para la comunidad. La fabricación de baterías refuerza la apuesta por sectores de futuro, impulsa la transición energética y contribuye a posicionar a Navarra dentro de las nuevas cadenas de valor industriales europeas. No obstante, es importante analizar estas inversiones sin perder de vista la posición de Europa en el escenario internacional, prestando atención a las políticas comerciales, la autonomía estratégica y la capacidad de la Unión Europea para preservar sus intereses económicos a largo plazo.

Ahora bien, reconocer los éxitos no debe impedir analizar con realismo los retos económicos. Los datos muestran señales que invitan a la reflexión. Navarra sigue siendo una comunidad con una sólida base empresarial, industrial y tecnológica, pero algunos indicadores apuntan a una pérdida de dinamismo relativo respecto a otras regiones de referencia.

El mercado laboral es uno de ellos. Durante décadas Navarra destacó por registrar algunas de las tasas de desempleo más bajas de España. Hoy la situación es diferente. La tasa de paro del 9%, muy próxima a la media nacional y por encima de la europea, refleja un cambio de ciclo. Además, el crecimiento del empleo ha descansado en gran medida sobre el sector público, mientras el empleo privado avanza a menor ritmo. A ello se añade el descenso del número de autónomos y un crecimiento de la productividad prácticamente estancado desde hace años.

La industria no atraviesa su mejor momento. La caída de la producción industrial, el retroceso de las exportaciones, la disminución de los bienes de inversión o los cierres empresariales conocidos en los últimos años reflejan una realidad que exige respuestas.

Al mismo tiempo, da la sensación de que no se está reaccionando con la suficiente rapidez. Apostar por la competitividad de Navarra exige una estrategia clara y decidida. Es necesario mejorar las infraestructuras y conexiones internacionales, reducir trabas administrativas que retrasan inversiones, reforzar la apuesta por la innovación y la transferencia tecnológica y generar un marco fiscal capaz de atraer inversión, talento y actividad empresarial. Del mismo modo, se deben impulsar con mayor intensidad sectores estratégicos con elevado potencial de crecimiento como la inteligencia artificial, las tecnologías de defensa, la industria avanzada o los servicios de alto valor añadido.

La fortaleza de Navarra no está en discusión. Lo demuestra cada día un tejido empresarial que sigue compitiendo con éxito en un mundo cada vez más complejo. Pero la confianza en las capacidades propias no puede convertirse en conformismo. El nuevo contexto internacional exige visión de largo plazo, capacidad de adaptación y voluntad de reforma. La cuestión es si se será capaz de aprovechar las fortalezas para afrontar los cambios que vienen.

Reconocer lo que se hace bien y corregir aquello que resta competitividad no son posiciones incompatibles; son, precisamente, las dos caras de una misma ambición: construir una Navarra más fuerte, más dinámica y mejor preparada para el futuro.