Síguenos en redes sociales:

A la contra

Jorge Nagore

Hipocresía

HipocresíaDNN

No sé qué hicimos ayer contra el Barcelona, puesto que escribo esto antes ya que hacerlo más tarde sería retrasar el trabajo de los compañeros y compañeras del periódico, pero, lógicamente, ojalá ganáramos y estemos en la final. Si no, tampoco es el fin del mundo, porque, queramos o no, esto de la Supercopa no podemos compararlo con la Copa, por mucho que sea una competición oficial y un objetivo atractivo y goloso. Pero, seamos honestos, no tiene ni la tradición ni la importancia que tienen Liga y Copa, competiciones con más de 100 años de historia y con un sistema de juego mucho más exigente que esta especie de premio a los destacados del año anterior. Lo que sí que no tiene un pase es que estas historias se jueguen a miles de kilómetros de casa. Por supuesto, tiene mucho menos pase si te llamas David y Gorka y no puedes ir al campo donde se juega la final y darte un morreo porque te sale de ahí, no vaya a ser que los fundamentalistas te metan en la trena. Nos llevan a sitios en los que no se respetan derechos humanos y sociales básicos y lo hacen en nombre del Dios dinero, con nuestro beneplácito y al menos el de nuestros clubes, que tragan con este sistema de organización y que tragan con todo con tal de traerse de vuelta unos cuantos miles o incluso millones de euros –dos millones va a traerse Osasuna, que serán más si juega la final o la gana–. No seré yo quien le hubiese pedido a Osasuna un gesto de valentía negándose a ir a jugar a un país así, porque no me juego las alubias como sí hacen jugadores y, sobre todo, empleados, pero qué duda cabe que me hubiese hecho sentir orgulloso como seguidor que lo hubieran hecho. Me hubiese sentido más orgulloso si ayer por la noche yo hubiese tenido la dignidad de no ver el partido, pero como soy un hipócrita lo vi –aquí no vale que se pongan medallas los que Osasuna y el fútbol les importa un higo–. La vida.