Cuando llega a este momento de las doce del mediodía del día 6 de julio tienes la sensación de que has cerrado un ciclo del año. Que lo importante es haber llegado a este ecuador, una parada en la vida necesaria. Los preparativos te llevan tanto o más esfuerzo y quebraderos de cabeza que la propia vorágine de la fiesta. Lo importante es dejar las cosas bien atadas porque tienes la sensación de que el mundo se acaba. Los asuntos familiares, los planes sanfermineros, preparar el verano, el papeleo antes del cierre de todas las ventanillas, la despensa de estos días... Toca descorchar el champán y compartirlo.

Toca disfrutar de verdad. Entregarse... No hay excusas de ningún tipo. Todo tiene que haberse solucionado antes o, al menos, aparcarse. También los malos rollos. No importa si trabajas ni en qué porque hay que sacar tiempo y ganas para la fiesta. Lo importante es que ya es San Fermín. Y que la marea que ayer vimos en la Plaza del Ayuntamiento moviéndose al unísono como si de un solo cuerpo se tratara no se puede reproducir con Inteligencia Artificial. Son momentos y experiencias para vivirlas en vivo.

No hay más que ver las instantáneas que ayer captaron nuestros compañeros Javier Bergasa, Patxi Cascante, Iñaki Porto y Unai Beroiz: los dantzaris de Duguna celebrando el reconocimiento de toda la gente que les quiere, esa pareja dándose un beso, esa cuadrilla unida tras un año quizás difícil o en el que nos ha faltado alguien, el pequeño Carlos García Arnedo tocando por primera vez el tambor... Hay que salir a las calles y reproducir ese sentimiento colectivo de alegría y de reencuentro. Merece la pena.