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Recursos humanos

Maite Pérez Larumbe

Lo que hay que hacer

Lo que hay que hacerEP

Yo crecí con aquello de haces lo que hay que hacer y luego ya te quedas libre. Como lo que hay que hacer es un pozo sin fondo, son kilómetros degalerías subterráneas interconectadas, este mantra produce modos de funcionar característicos como acabar queriendo hacer lo que se debe hacer.

No interpreten que el debe tiene un sentido moral, es pura obligación, puede incluso que lo ético sea desobedecer, ya me entienden. Miras la prensa y hay mil ejemplos. El caso que a mí, por todo lo anterior, me cuesta horrores incumplir las obligaciones, soy propensa a la aceleración y tengo la costumbre de hacer listas. En estas listas figuran las cosas que he decidido hacer, no todas las que debo, algunas por obvias o automatizadas, otras porque no me considero preparada para percibir su perentoriedad cada vez que miro el cuaderno o la agenda o el post it o cualquier otro vehículo para este sutil maltrato con el que me agasajo a diario. Pero su ausencia es una licencia temporal, llegará su momento y se apuntarán.

Se lo cuento porque algunas y algunos de ustedes compartirán esta costumbre que produce individuos fiables y cumplidores pero que puede irse de las manos. ¿Mal de muchos? Espíritu de la época. Por otra parte, es tan placentero tachar lo escrito con un trazo diagonal, brioso, casi despreocupado y saber que por el momento una no se debe nada o una no está en deuda.

Así nos hacen y nos hacen de forma que nos queramos así, ¿eh? ¿Nos querríamos igual de otra forma? Ahí está la trampa, el anzuelo que alguien pone delante de los ojos y que se traga una misma. Aunque trabajo para ello, a mí me resultaría difícil ser ahora de otra manera. Me refiero a un cambio radical.