En 2018 se publicó el primer informe nacional sobre homicidios en España. Les copio su resumen telegráfico: el 62% de los homicidios corresponde a hombres muertos a manos de hombres, el 28% a mujeres asesinadas por hombres, el 7% a hombres asesinados por mujeres y el 3% restante a mujeres asesinadas por mujeres.
Busco un informe actualizado y no lo encuentro, no obstante, dudo que la fotografía haya cambiado sustancialmente. Recapitulo, como ven, los hombres matan y mueren más. Y si el asesinato es la expresión más extrema de la violencia, imaginen todo lo que que tiene que haber. Estos datos escuetos ya dicen que hay cuestiones de género que explican el recurso a la violencia por parte de los hombres.
El resultado es que así como la mitad de la humanidad tenemos riesgo de ser discriminadas o agredidas por estar ahí, la otra mitad tiene muchas papeletas para descontrolarse ante la frustración, por ejemplo amorosa o, mejor dicho, posesiva, dar rienda suelta a la agresividad y despreciar la vida ajena. Algo tendremos que hacer con esa mitad, que, además, maneja los recursos y ocupa la mayor parte de los puestos de poder.
Las mujeres víctimas de violencia piensan mucho y hacen lo que pueden. Mal aguantar, mal denunciar, mal separarse, mal que se sepa y mal que no se sepa. Para muchas mujeres como Tatiana ninguna opción es infalible y menos con cuatro criaturas.
Hay que proteger a las víctimas, hacen falta más recursos y más atención y más creatividad aplicada a la solución del problema, pero también, es urgente, hace falta actuar sobre los potenciales agresores, sobre el colchón social que sostiene o no critica o comparte o permite sus posiciones sin ensuciarse las manos. Nada diferente a lo habitual en cualquier otro tipo de violencia. Hagan memoria.