Una vez más, contrarios del ‘no matarás’ vuelven a la palestra apoyando la violencia que les resulta útil. La derecha española es el felpudo de Trump. Ni ley, ni orden, ni seguridad humana ni económica. PP y Vox apuestan por los bombazos. El Partido Popular es capaz de plegarse como un tendedero con tal de tocar poder, con la extrema derecha española o con la estadounidense. En 2003 el PP se lanzó en plancha sobre Irak con un panfleto que hablaba de “paz” y “seguridad”. Y ahí sigue Génova, atornillada con Aznar. Dice el psicólogo Xavier Guix que el pasado crea moldes. Desde luego, los del Partido Popular se notan mucho.
Obsceno
Feijóo, que va despotenciado, ha tirado de disyuntiva tramposa (“con la libertad o con los tiranos”) un mes más tarde que Musk descalificase a Sánchez con ese mismo término. El PP se apunta a esta guerra como una oficina mercantil, con un servilismo que se le ha vuelto en contra a pesar de los tanatopractores discursivos, dispuestos a maquillar lo que sea.
Hoy padecemos las consecuencias de la impunidad de Netanyahu, arropado primero por Biden y después por Trump. Si se puede cometer un genocidio sin despeinarse e idear un resort sobre las ruinas, se puede legitimar cualquier cosa bajo bandera de la “furia épica” que repetimos como loros, como si esto fuera el mundialito o un videojuego.
El PP es capaz de plegarse como un tendedero con tal de tocar poder. Aquí se aplaude la violencia con un cinismo del tamaño de una catedral
Aquí se aplaude la violencia según interesa con un cinismo del tamaño de una catedral. Así funciona gran parte de Occidente, de vergüenza en vergüenza, blanqueando crueldades que embrutecen a nuestras sociedades. Nos imaginamos intocables con el derecho de aplastar a los demás, como vulgares pandilleros siguiendo la voz de su amo.
Al menos el Gobierno español, con Pedro Sánchez a la cabeza, ha puesto algo de decencia en el uso de las bases con una posición que sería otra con Feijóo, que estaría perdiendo el trasero para no enfurecer a Trump. Veintiocho meses después de aquel llamamiento sintético de Aznar, “el que pueda hacer que haga”, Sánchez ha articulado un ‘no a la guerra’ que sitúa a Feijóo en la peor etapa de la aznaridad.
Valores
“Quizás sea el año en el que veamos el primer desfallecimiento del proyecto europeo” afirma el periodista Enric Juliana en Viaje a un Nuevo Mundo, libro de conversaciones entre Esteban Hernández y él que publica Arpa.
“El momento en que una posición ética movilizaba a las masas en una misma dirección se ha agotado. Los consensos se han roto. En Estados Unidos hay dos tipos de sociedad y dos tipos de moral enfrentándose”, sentencia Hernández, para quien “la reacción conservadora y el regreso de las políticas imperiales ha trastocado todo, la geopolítica, la ideología, la política interna, las cuestiones sociales y las morales”. Así que la alternativa, según este analista, tendrá que ser integral: geopolítica, política, económica, social y moral.
Ineludible
Todo eso marca los contornos de una batalla cultural y moral insoslayable, por la cuenta que nos trae. De lo contrario, nos arrollará el capitalismo más voraz, el vasallaje más soez y el neofascismo. La confrontación democrática es impepinable. Por decencia, dignidad y responsabilidad, en un mundo que se inclina peligrosamente hacia una comandancia pirómana, capaz de arrasar con lo que sea con tal de llevar adelante su imperialismo. Son tiempos muy duros, muy tristes y graves.