La presidenta de la Comisión Europea, la alemana Úrsula Von der Leyen, la ha vuelto a liar tras afirmar hablando fuera del tiesto de su cargo correspondiente que el viejo orden internacional ha llegado a su fin y que Europa no puede ser su guardián. La ruptura global de todo el ordenamiento político y jurídico europeo, desde los tratados fundacionales de la UE al Tratado de Roma, en una frase tonta, fría, estúpida que solo llama en sus intenciones reales a seguir la senda de Trump y el desorden internacional y la ley de la selva que trae el presidente de EEUU bajo su brazo. Al menos, mientras dure, porque Trump, más pronto que tarde, dejará la presidencia de EEUU y espero que su legado pase a esas páginas negras de la historia de la Humanidad.
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El peso internacional de la UE, dirigida por una elite política inepta, desconcertada y débil con Von der Leyen, es en la actualidad mínimo ante los grandes acontecimientos que dirigen esta transformación global del mundo. La imagen hoy de la UE y de sus principales representantes están muy lejos de poder abanderar los valores políticos, socioeconómicos y humanistas originales. A Von der Leyen ya le ha respondido el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, Teresa Ribera y varios dirigentes más de la UE. Otro intento de paso atrás más que aleja a la actual Europa de sus principios originarios.
Ni la solidaridad ni la justicia tienen ya peso político en esta UE cada vez más ingobernable. El derecho a veto y la creciente influencia de los extremismos de derechas están devaluando a la UE como proyecto político, económico y social y reduciendo su capacidad de influencia en el mundo. Cambian los dirigentes europeos, pero los que llegan son incapaces de arbitrar consensos y de adoptar medidas eficaces. Los discursos estúpidos, belicistas, sumisos a Trump y simplistas de los burócratas europeos siguen siendo la única respuesta a las incertidumbres sociales y económicas ahora también bélicas en el mundo de la ciudadanía. La Unión Europea sigue siendo un gran proyecto político, social y humanista, pero de esta Europa debilitada y acogotada de hoy hay poco que esperar. La Europa como un club de democracias merece la pena.
Pero de esta Europa cada vez más dividida, sin rumbo propio, sometida a los intereses de otras grandes potencias, dirigida por una pandilla de ineptos de tendencias poco democráticas en una buena parte, solo cabe esperar que los europeos sigan aumentando sus niveles de desconfianza y alejamiento de la Unión. El proyecto europeo es o era otra cosa. Sus valores han sido sustituidos. Hay otro modelo posible. ¿A quien le interesa una Europa sin sus principios, valores, una Europa que abandona las leyes, el derecho internacional, el derecho humanista y ya no es una Europa social y solidaria?. No sé, pero a mí no.