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Editorial

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Un doloroso despilfarro

Los objetivos de Donald Trump en Irán no se han alcanzado y eso genera dudas razonables sobre el futuro, pero la experiencia debe aportar conclusiones y poner freno a la unilateralidad irresponsable

Un doloroso despilfarroEP

Veintidós mil muertos y 237.000 millones de dólares en 39 días. Ese es el balance sangrante –hasta el alto el fuego de ayer– de la aventura de Donald Trumpen Irán. Un coste humano y económico insoportable para objetivos originalmente cambiantes e indefinidos pero que, en su enunciado, no se han logrado: ni el régimen ha caído –se refuerza por el enemigo exterior– ni hay mayor seguridad en la región o el suministro energético.

Lo que sí se puede medir es el impacto económico, que nos alcanza: cada 10% de subida del barril impacta entre 0,1 y 0,2 puntos de PIB; Goldman Sachs estima que esta guerra restará ya un mínimo del 0,3% al PIB mundial; los países árabes perderán hasta 194.000 millones. Y, por supuesto, el coste en vidas resulta insoportable desde una postura ética en cualquier circunstancia, aunque su alcance sea regional.

Trump anunció objetivos ambiciosos y su consecución inmediata y esto es preocupante porque si esos objetivos siguen vigentes, la expectativa del final del conflicto estará lejos. El régimen opresivo de Irán no caerá a base de bombardeos y el impacto del poder militar estadounidense sin despliegue sobre el terreno se revela insuficiente. Pero el Pentágono temía los costes de ocupación y el cálculo estratégico ha fracasado en un punto clave: asegurar el tránsito por el estrecho de Ormuz. A día de hoy, los iraníes no están más cerca de ganar espacios de libertad. El régimen se fortalece y el coste recae sobre la ciudadanía iraní que esperaba derechos y ha recibido bombas.

Pero también se ha puesto de manifiesto que la falta de mecanismos de control en el modelo interno de EEUU e internacional acaba deteriorando la democracia. La concentración de poder abre paso a la unilateralidad y, cuando queda en manos de un liderazgo sin principios, como es el caso, al desastre. El engaño ha mostrado sus límites, pero para que la experiencia conlleve aprendizaje exige una toma de conciencia colectiva.

En la imprescindible reflexión deben incorporarse otros parámetros. Es preciso restaurar los mecanismos de equilibrio multipolar, si no por principios éticos, al menos por razones prácticas. La guerra es un despilfarro de recursos que podrían dedicarse a energía limpia, sanidad y educación. Ningún bombardeo construirá un modelo estable que permita afianzar derechos y bienestar.