Se ha vuelto difícil discernir si detrás de cada incendio hay solo una quema de rastrojos o arde Troya. El humo es suficiente para velar el entendimiento. Lo de Rodríguez Zapatero está echando uno muy negro y de muy mal olor. Seguramente, si no lleváramos tanto tiempo viendo largas columnas elevarse hacia el discurso político, estaríamos más escandalizados incluso.
Quizá con el expresidente acabe usándose el cadalso que han venido levantando para ajusticiar a Begoña Gómez. Ahora mismo, hay que dar uso a tanta madera gastada. El enésimo informe de la UCO sobre los movimientos bancarios de la esposa de Pedro Sánchez y la cátedra que se creó y ha sido señalada como sospechosa, dice que no encuentra nada ilegal, pero sí alguna ocurrencia poco gratificante. Así que uno ya no sabe si se la va a juzgar por jeta o por lumbrera.
Volviendo a Zapatero, conviene sincerarnos con nosotros mismos: lo que más rabia da es el pastizal que supuestamente habría cobrado como asesor o intermediario. Muchos no creen que valga ese dinero si no es por ejercer de conseguidor ilegal. En esta fase, es prematuro sacar conclusiones, pero da pie a una reflexión: las opiniones de los exmandatarios están muy bien pagadas, incluso si no chapucean influencias.
La gota que colma
Dilatar la legislatura
Sin perspectiva de programa. Sin presupuesto, en minoría parlamentaria constante, con buena parte de los compromisos con sus socios aún por cumplir, Pedro Sánchez recibe baños de realidad ante los que no se inmuta. PNV, Junts, Coalición Canaria, Podemos y hasta ERC le están avisando de que se agota la legislatura y que, si el horizonte es una agonía, mejor darle una muerte digna este año, como le pedía el domingo el presidente del EBB. Mientras, Otegi reclama a Sánchez un programa de reforma plurinacional. El que no han negociado en ocho años en Moncloa lo van a improvisar en ocho meses...
Datos: a Trump le llegaron a pagar hasta 1,5 millones de dólares por conferencia tras su primer mandato -y no se sabía que fuera a repetir-; A otros, de menos caché, tampoco les va mal: Felipe González llegó a facturar a través de su empresa de asesoramiento hasta 2 kilos al año y José María Aznar ya se ofrecía por 40.000 dólares hace 15 años por charla y la Corporación Murdoch le ha pagado 300.000 más al año por asesoramiento estratégico. Todo esto solo sería escandaloso si, detrás de ese dinero, hay favores a quien lo paga para acceder al erario público por vías... creativas. En un mundo de jetas y/o lumbreras, unos lo valen y otros solo lo cobran. Lo suelen valer los propios y los jetas son los otros.