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Mesa de Redacción

Javier Encinas

No hay Trump que por bien no venga

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Desde que, hace ya 50 días, el destalentado de Trump declaró contra Irán la injusta, ilegal y arbitraria guerra para agradar al genocida de Netanyahu, en el mundo están pasando cosas interesantes. Obviamente, no hablamos de las fatales consecuencias que el conflicto va dejando en forma de reguero de miles de muertes inocentes –es imposible dar una cifra aproximada– ni de la inestabilidad económica que acarrea la crisis energética con su inmediato encarecimiento de precios. Nos referimos a cómo se está moviendo el tablero político ante la evidencia de que el presidente de EEUU contamina todo lo que toca, por lo que resulta muy desaconsejable acercarse a él.

Que se lo pregunten a Viktor Orbán, que el pasado domingo se pegó un castañazo en las urnas tras 16 años de gobierno ultra en Hungría. Nada indica que este vaya a ser el único en pagar sus devaneos con el mandatario yankee. En Italia, Giorgia Meloni ha tomado buena nota del peligro que supone filtrear con este bocachancla y ha puesto fin al buen rollito que mantenía con él.

Incluso en Vox tratan de recoger carrete y distanciarse de quien hasta antes de ayer era poco menos que el faro a seguir. Cada vez son más quienes se van alejando como de la peste de un líder nada fiable, que hace un caprichoso e indiscriminado uso de la violencia, lo que abre un nuevo escenario en el orden de las relaciones mundiales. EEUU poco a poco va perdiendo influencia, mientras buena parte de la UE, América Latina y potencias como China apuestan por otro rumbo. Y ahí, además de estar Sánchez mil veces mejor ubicado que Feijóo, se vislumbra un foco de esperanza que sin las disparatadas decisiones de Trump estaría apagado.