La regularización extraordinaria en marcha supone una de las medidas más relevantes de los últimos años en materia migratoria y laboral. Con 130.000 solicitudes y 55.000 citas ya asignadas hasta el 30 de abril, el proceso evidencia una realidad clara: existe un volumen muy significativo de personas que ya estaban en nuestro país, muchas de ellas trabajando, y que ahora buscan normalizar su situación administrativa. Lejos de partir de cero, buena parte de estas personas ya formaban parte del mercado laboral, especialmente en sectores como los cuidados o el trabajo doméstico, también en el campo.
En muchos casos llevaban años trabajando en la sombra, sin cotizar o en condiciones informales. En sectores con alta demanda de mano de obra, especialmente en el ámbito de los cuidados y el servicio doméstico, seguirá existiendo seguramente un pago en B lo que obligará a que muchas mujeres tengan que cotizar por sí mismas. Y en el plazo de tres meses es necesario cotizar para mantener el permiso. En Navarra, el objetivo es que las personas que obtengan sus papeles dejen de depender de la Renta Garantizada y pasen a incorporarse a empleos reglados, especialmente en sectores con necesidades estructurales como los cuidados o la industria. La regularización no crea empleos, sino que los saca a la luz y permite que pasen a formar parte del sistema de cotización y derechos laborales pero habrá que ver la realidad. Los salarios en A para una mujer interna pueden rondar los 1.350 €. Y, gracias por el techo, porque acceder a una vivienda sigue siendo un problema, con alquileres de 400 € por habitaciones.