Que Antena 3 es un Carnaval ya lo sabíamos. Han vuelto a la vez dos de sus programas de máscaras favoritos: Mask Singer, donde se trata de adivinar qué famoso se esconde bajo un disfraz con un gran cabezón que oculta su careto y Tu cara me suena, donde, con maquillaje para puertas y pelucones, es casi imposible adivinar a qué cantante intenta imitar un personaje conocido en nómina del canal.
En cualquier caso, son dos formatos muy celebrados por la audiencia, el primero con más lógica que el segundo, que no es más que la versión con famosos de otro viejo clásico de la cadena, Lluvia de estrellas. La cuadratura del círculo se produjo la temporada pasada cuando Bertín Osborne, presentador del formato primigenio con anónimos, acabó de concursante en Tu cara me suena como ejemplo de la fórmula matemática que impera en la televisión actual: pp+t=c, o lo que es lo mismo, la popularidad de un personaje más el paso del tiempo es igual a acabar de concursante en un talent o un reality, sobre todo si quieres volver a currar en la tele. Osborne ya prepara un programa que presentará con su hija en este canal.
De Tu cara me suena me cansa que repitan el mismo cupo de cantantes, actores y humoristas de cada temporada. Les funcionó una vez y siguen sustituyendo perfiles por clones, hasta en el jurado, como hemos visto con el intercambio de sillas entre Florentino Fernández (procedente de Got Talent) y Carlos Latre (que ha acabado en Got Talent tras su salida de Tu cara me suena). Imagino que andarán buscando repuesto entre exparticipantes de OT por si a Chenoa se le queda ya pequeña la silla de jurado tras petarlo como presentadora de concursos, campanadas, talents musicales y programas de adopción de animalitos en la competencia de TVE y Prime Video.
El que anda más perdido en su regreso es Mask Singer, incapaz de superar la marcha de los Javis. Repite Ana Milán (que compite contra sí misma en su programa de Cuatro) y han colocado con calzador por allí, con todos sus tics, a Boris Izaguirre, Ruth Lorenzo y Juan y Medio, que o no atienden las pistas, nadie les ayuda por el pinganillo o les da todo igual porque les dices que el enmascarado es de Sevilla y ni se molestan en dar el nombre de un andaluz. Y sin que los investigadores te den un nombre que cuadre, ver el programa se convierte en un absurdo, donde solo esperas que se callen para que el programa avance y puedas saber quién es. Cuando antes era al revés, especialmente con los Javis, que atinaban con muchos nombres que cuadraban en el perfil del enmascarado y te hacían dudar, dando más emoción al momento del quítatelo en el que se resuelve quién es.
Lo que no ha cambiado es lo de despacharse a los famosos internacionales en el primer programa, Schuster y Elle Macpherson, que en Twitter ni sabían quiénes eran. Ya sabe, pp+t=c.