Sin duda, algún día seremos felices. Es posible. De momento, habrá que seguir esperando. E intentando hacerlo con alegría, Lutxo. Ahora bien, respecto a los lúgubres abismos de la normalidad, esos por los que caemos rodando cotidianamente, los abismos judiciales son, con toda probabilidad, los más kafkianos. Los más cargados de confusas intenciones. Es obvio.

La justicia humana, todos sabemos cómo es. Perfecta, no. Vale. No hace falta explicarlo. La justicia humana, es como es. O sea, como puede. Y punto. Yo no estoy diciendo nada. Solo digo que la justicia, por muy justicia que sea, es humana. Y los humanos ya sabemos cómo somos, admitámoslo. Sobre todo en lo referente a las cuestiones de justicia. En cuestiones de justicia, precisamente, es donde más humanos nos solemos poner los humanos, Lutxo, viejo amigo, le digo. Y me dice que hoy está muy triste y que no tiene ganas de hablar porque el Barça ha ganado la liga. Bien, pues lo siento, le digo.

Pero lo que yo te quería decir, sin más, es que a mí, el juicio que más me atrae es el del exministro Montoro, no sé si te acordarás. Muy misterioso. El monto de Montoro, ya sabes. Me genera una gran curiosidad. Debido a las peculiaridades del sujeto agente y a su gente de confianza, supongo. Pero claro, puede que me muera antes de que lo juzguen, Lutxo. No me extrañaría. Por otro lado, ya nadie puede estar seguro de lo que ha visto.

De hecho, por si acaso, es mejor no estarlo. Estar seguro de algo podría llegar a considerarse sospechoso, un día de estos. Estamos en la época del nihilismo narcisista, no ignoremos eso. Ahora ya sabemos que, en cualquier momento, cualquier día, podría ocurrir cualquier maldita cosa. La que sea. La más rara. Y eso, no ayuda mucho. Eso nos pone el cerebro duro, Lutxo, le digo: Y me suelta: Esperemos que sea para bien.