Ha cantado Ana Belén en TVE el ‘Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente’. Me pregunto si ese monstruo grande que pisa fuerte nos resulta menos espantoso cuando se trata de Ucrania, o mejor dicho, de Rusia, para que escarmienten los putinescos, se enteren de lo que vale un peine y regresen a su país lisiados o en cajas de madera por matar a los nuestros. Mientras la juventud rusa se desangra en Ucrania y el Kremlin recluta carne de calceta para rellenar trincheras, a Putin se le va acartonando el rostro, que no es consuelo cuando va para los 74 años, pero qué menos que la invasión le pase factura. En 2022 Ucrania nos pareció el núcleo de Europa, y hoy la sangría se nos hace rutinaria e inevitable, crónica repetida del extranjero. No digo que esto sea incomprensible, pero desazona que nuestro no a la guerra se pulverice bajo el corolario defensivo. Reza el adagio que la mejor defensa es un buen ataque y ahí parece que estamos, cuando “Zelenski presume de haber alcanzado infraestructuras estratégicas en Moscú”. Según Europa Press el domingo pasado un ataque con drones en la capital moscovita dejó tres personas “halladas sin vida” (ay los eufemismos) y 17 heridas. ¿Qué afirmó Zelenski? Que eso estaba “completamente justificado” y era una “forma de decir” al Gobierno ruso “que acabe con esta guerra”.
Elogio de la incerteza
El cineasta Jim Sheridan ha dicho en Gara que “las dudas son tan importantes como las certezas”. Las reservas, por lo general, son indicio de mansedumbre y sin fe ideológica no hay ritos ni comunión. Como esa izquierda que jamás ha dudado sobre Cuba, la castrista y tardocastrista con el comodín del bloqueo siempre a mano en caso de incendio. Que sí, que EEUU fatal y que Trump un sinvergüenza, pero cuando la izquierda viejuna se solemniza mitómana suele dar vergüenza ajena. Lo mismo la abertzale. Si la autocrítica falta, el pensamiento crítico falla.
Ucrania, Cuba, Zapatero... se suceden las preguntas incómodas en una sociedad donde las dudas son indicio de mansedumbre o despiste
Más dudas
“Que la neurona no se fanatice”, reclamaba para sí el filósofo Emilio Lledó cuando cumplió 80 años. Su lucidez vale para todas las edades y condiciones. Su testimonio aparece en Inolvidables. La pasión de entrevistar. Un nuevo libro de Juan Cruz (Galaxia Gutenberg). Eso requiere ser conscientes de nuestros límites. En política, por ejemplo, estamos casi siempre atrapados en el malmenorismo. ¿Qué es peor para el mundo progresista, que el PP se case con Vox y reaccione la izquierda o un PP con mayoría absoluta? El debate, que estaba vivo hace una semana, puede haber quedado periclitado tras lo de Zapatero.
El terremoto
Gobierno trémulo. Otra mala primavera para Sánchez. Hace tres años perdió las municipales y autonómicas, hace dos hizo stop, hace uno cayó Cerdán. Y este año, el terremoto Zapatero. Mazazo para el PSOE, bofetón para el progresismo, a la espera de lo que se vaya conociendo y de la defensa del expresidente. Cada cual es responsable de sus actos, tejemanejes o desbarres, eso está claro, lo que no convierte en anatema preguntarse por los distintos filamentos de la Justicia y sus aparatos circundantes. Si hay ojo lupa y ojo vago, en qué sentido opera esta navaja de Buñuel, o si hay algo turbio en la conexión USA. Y no perder la prevención.
El suelo socialista resbala. Zapatero es caza mayor. La portada indecorosa de El Mundo el miércoles lo muestra: “Cazado el comisionista internacional Zapatero”. Pase lo que pase el daño ya es impepinable, o como ha dicho Rufián en lenguaje llano: sea lo que sea esto es una mierda.