Los Caídos, apología de símbolos franquistas: bueno, bonito y barato
Recientemente se han dado nuevos pasos en ese dislate continuado de transformación de Los Caídos. En esa huida hacia adelante, el jurado designado por el "tripartito resignificador", tras la convocatoria de un nuevo concurso, optará por 2 de las 21 propuestas presentadas. Todas ellas, en declaraciones del concejal José Abaurrea, tendrán que adaptarse milimétricamente al acuerdo político del tripartito y al informe asumido en su totalidad del comité de expertos designado ad hoc por el ayuntamiento.
Si algo tiene de significativo este proceso de transformación del mamotreto es que los implicados en su diseño han estado inmersos en una permanente contradicción entre lo que decían defender como principios fundamentales y lo que durante este tiempo han llevado a cabo. Mientras que el tripartito y el comité de expertos invocaban como figura ejemplar el Museo-Memorial basado en la Carta Internacional de Museo-Memoriales (ICMEMOHRI), por otra, han incumplido todo lo que se estipula en la citada Carta como modelo de actuación ejemplar. Así, frente a la independencia que debe haber en la gestación y gestión de los memoriales frente a directrices políticas (Carta Internacional), ha sido esto último lo que ha primado: acuerdo oculto para la moción de censura, acuerdo del tripartito para la resignificación, aval al mismo del ayuntamiento, cambio legislativo ad hoc para posibilitarlo, modificación de la protección del edificio a medida del acuerdo, elección del comité de expertos asumiendo todos ellos el acuerdo tripartito, convocatoria municipal del nuevo concurso y finalmente designación del jurado del nuevo concurso de marcado carácter o designación política. De cada uno de estos pasos el colectivo memorialista ha tenido conocimiento tras ser ejecutados y por la prensa. Igualmente se ha obviado tanto por el comité de expertos como por la totalidad de la institucionalidad también en este concurso esa otra pata imprescindible de la reiterada Carta, a saber: debate y participación pluralista especialmente con organizaciones de víctimas. Lo que conlleva una nula empatía con ese gran colectivo, otro de los principios obligados.
Con una interpretación torticera se elige un lugar de exaltación y enaltecimiento a los asesinos y sus cómplices que ni es un lugar neutral ni históricamente auténtico (donde se cometieron crímenes), tal como lo explicita el punto 9 de la mencionada Carta en el informe del comité de expertos.
Que desde el tripartito resignificador y el comité de expertos se exponga que la opción del derribo supone la eliminación de pruebas de los crímenes de los golpistas no es sino una falacia para justificar esa apuesta resignificadora. En Los Caídos no existe prueba alguna de ningún de crimen. Todo él es una apología del fascismo- nacionalcatolicismo desde su génesis. Las pruebas del genocidio practicado están en los lugares de tormento (prisión de Ezkaba, Escolapios, etcétera), también en archivos, testimonios y sobre todo en los cientos de fosas de las cunetas donde asesinaron a más de 3.500 personas.
Es un sarcasmo la equiparación o similitud de este proceso con el llevado a cabo en el parque de la memoria de Buenos Aires. Allí, a propuesta de varios colectivos de derechos humanos, se creó una gran comisión integrada por ellos mismos, varios legisladores y algún miembro de la universidad, colegiadamente durante tres años y tras intensos debates se decidió la figura (museo-memorial), el lugar neutral (a orillas del río de la Plata) con alguna connotación histórica (en ese río aparecieron asesinados por la dictadura). Se designó una subcomisión encargada del concurso y ejecución urbanística e incluso decidió la posterior gestión colegiada del centro, así sigue funcionando su Consejo en la actualidad. Por resumir, la antítesis del proceso de Los Caídos.
Que toda la actuación en este proceso sea contrario a lo manifestado en el informe de los expertos y asumida por la institucionalidad expresa una incoherencia o hipocresía difícil de explicar. El dolor, sufrimiento y humillación soportado por las víctimas durante 90 años, ¿no les da derecho a ser una parte imprescindible en la decisión a tomar respecto al monumento de alabanza y exaltación a los asesinos y cómplices de sus familiares y de ellos mismos?
Y sí, quienes nos consideramos antifascistas y nos hemos acercado a los colectivos de víctimas tenemos que reconocer que nunca podremos ponernos en su lugar ni tendremos interiorizadas sus vidas, su dolor, sus sentimientos ante la presencia de ese edificio en la vía pública. ¿No debería ser primordial su opinión al respecto? Habrá que convenir si se es honesto que el ninguneo al que ha sido sometido el colectivo de víctimas y memorialistas en este caso es inaceptable, inmoral y dirigido en la dirección contraria a la reparación de ese inmenso daño causado. Todo este proceso tramposo y tortuoso es el que viene causando una decepción y cabreo mayúsculo en el colectivo de víctimas y memorialistas y no otros como se ha insinuado en los medios.
Que el partido socialista ahora descubra y afirme que lo importante son las políticas públicas es para preguntarles: y ¿qué han hecho ustedes durante 40 años yendo de la mano de los herederos políticos de los cuneteros? ¿Se extrañan de su sarcasmo y menosprecio hacia las víctimas si siempre ha sido así? Es significativa la quiebra del derecho de las víctimas a la verdad, justicia y reparación en este estado que nos ha tocado . La jerarquización y categorización de víctimas y victimarios en todo el continuo histórico es la constatación de ello.
Es innegable que desde 2015 en y desde Nafarroa se están dando pasos en el reconocimiento y reparación de las víctimas aunque no a todas, ni con la misma consideración. Pero que los representantes del partido socialista Martín Zabalza y Marina Curiel saquen pecho en este proceso de ninguneo al colectivo de víctimas y memorialistas es la demostración de quién pone las líneas rojas en todo este periodo de los últimos 50 años y que en el tema de Los Caídos ha sido asumido por EH Bildu y Geroa Bai.
La empatía para con las víctimas y el derecho a la reparación obligan al tripartito resignificador a reflexionar y parar este proceso. Aún se está a tiempo, porque el relato a futuro será que aquellos que históricamente defendían la eliminación de ese edificio de exaltación a los asesinos y sus cómplices perdurarán en la historia como los máximos defensores de su mantenimiento en la vía pública. Si no al tiempo.
Los autores son miembros del Colectivo Memorialista Zurbau