Un mundo sin la forma verbal potencialEP
Un repaso a los medios de Madrid ofrecía ayer sentencias como las que siguen: “Santos Cerdán controlaba la SEPI para orientar los expedientes y recibir beneficios”; “El PSOE persiguió a jueces, fiscales y la UCO “por orden del ‘One’ y tuvo a sueldo a la “trama criminal”; “El nº3 del PSOE pagaba con facturas falsas a los ‘fontaneros’ que torpedeaban a la Justicia”. Afirmaciones todas que solo reciben matiz cuando usted, lector, bucea en el texto en el que el 90% de quienes reciben el titular no van a entrar.
Si no lo hemos soñado, alguien más recordará las lecciones de lengua en las que se ponderaba el uso del potencial como forma verbal para salvaguardar la diferencia entre un hecho incontestable o contrastable de primera mano y uno aparente, incluso probable, que no esté acreditado fehacientemente. “Controlaría”, “habría perseguido”, “podría haber pagado” son más que un recurso estilístico. En torno a esta forma verbal habíamos construido todo un sistema de garantías judiciales que permite ser contundente con los hechos y prudente con los indicios.
Enterrada definitivamente esta salvaguarda, un mundo en el que la construcción de apariencias visuales y documentales es más fácil que nunca queda en manos de las dos tipologías humanas más peligrosas: los fanáticos y los cínicos. Los primeros son la carne de cañón de la manipulación, aquellos que no van a someter a código ético las acciones. No precisan verdad, les basta la fe. Los segundos son de otra pasta: su fin justifica sus medios por mercantilismo, por sacar ventaja de otros o por auparse o conservar un estatus.
La gota que colma
El silencio de los corderos
El PSOE, señalado. Hablaba sobre el silencio de los corderos Hannibal Lecter, el seductor asesino en serie convertido en héroe psicópata -que ya son ganas de encumbrar a los sádicos- por su creador, Thomas Harris. Lo anhelaba su némesis, la agente Clarice, que soñaba con sus chillidos en el matadero como materialización de su sentido de culpa por no poder salvar a todo el mundo. En el PSOE, el silencio está sustituyendo ya a los balidos desesperados, lo que habla no tanto de que acaba el martirio como de que apunta a inevitable. A su pastor le toca dar pasos y no silencio, si quiere dejar rebaño tras de sí.
Este plañidero no tiene que ver con la inocencia o culpabilidad de Zapatero, el periplo judicial del entorno de Pedro Sánchez, ni con el PSOE, ni con la Kitchen de la era Rajoy en el PP o las cajas B de todos o ninguno de ellos. Va de que romper esa fina lámina de cristal que separa la voluntad de estabilizar la convivencia de la selva intelectual tiene difícil marcha atrás.