Síguenos en redes sociales:

Editorial

EFE

Élites antisistema

El relato antisistema sobre el que se aúpa el nuevo populismo de extrema derecha pone su objetivo en desmontar un modelo imperfecto pero orientado a garantizar la igualdad y los derechos

Élites antisistemaEfe

EL ascenso de los nuevos populismos de la derecha se cimenta en una estrategia corrosiva pero repetida y lamentablemente exitosa: capitalizar el descontento mediante una retórica radicalmente antisistema. Proliferan líderes que se erigen como outsiders inmaculados frente a un establishment, un sistema al que culpan de todos los problemas estructurales. Un relato que anidaba en la tradición del populismo de izquierda pero que ahora se revela como herramienta para disfrazar una nueva contradicción: los liderazgos que se visibilizan reproducen un marcado perfil de élite económica, totalmente ajeno a las realidades y urgencias de las clases sociales a las que dirigen su discurso.

En Estados Unidos, Donald Trump prometió “drenar el pantano” desde su pedestal multimillonario; en Argentina, Javier Milei articuló su proyecto sobre el repudio a “la casta”; en El Salvador, Nayib Bukele ha justificado su disrupción denostando a los partidos tradicionales; y, en Colombia, el candidato De la Espriella apela a esta misma confrontación antisistema para canalizar el hartazgo ciudadano, pese a encarnar él mismo el poder económico que dice combatir. Al deslegitimar las bases del sistema, las modificaciones legales y fácticas que se ofrecen como alternativa atentan contra la independencia de poderes y neutralizan los controles del Ejecutivo.

Esto se evidencia en la destitución masiva de magistrados en El Salvador, pero también en la creciente unilateralidad de la Casa Blanca, que impulsa medidas que chocan frontalmente con los tribunales y, amparándose en un supuesto mandato popular superior, simplemente los desoye. Al diluir estos contrapesos, se erosiona gravemente la democracia y la legitimidad de los modelos representativos.

Resulta profundamente paradójico que esta impugnación total, que nació hace mucho tiempo como una reacción de las izquierdas frente a un estatus de asfixiante desigualdad, sea hoy la herramienta para desgastar modelos estructurales concebidos, pese a sus imperfecciones, para garantizarla. ¿Cuál es el modelo antisistema que se confronta con la democracia liberal? Desde luego, no un espacio de igualdad y sí de concentración de poder que, al desmantelar las instituciones, somete a la sociedad al capricho de las mismas élites de las que prometía salvarla.