El expresidente del Gobierno español y ex secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, se convertirá en protagonista de los próximos días al comparecer ante el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama. Lo hará en calidad de investigado, lo que es un hito: será el primer presidente de la España democrática que se sienta ante un tribunal bajo esta condición procesal.
Las acusaciones que pesan sobre él son muy graves. Se enfrenta a delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales, vinculados al rescate de la aerolínea Plus Ultra. Los indicios que maneja el magistrado conforman la hipótesis de presunta utilización de su influencia política para asegurar la inyección de 53 millones de euros de dinero público en favor de la compañía. Pero la investigación ha deparado un giro sórdido. Al caso originario se le ha sumado un descubrimiento que ha dejado estupefacta a la opinión pública y a la militancia socialista. El hallazgo, en la caja fuerte de su despacho, de un lote de joyas cuya procedencia no ha sido justificada y cuya tasación pericial alcanza los 1,3 millones de euros. Este patrimonio oculto añade a su horizonte penal la acusación por delitos contra la Hacienda Pública y contrabando.
El golpe para el PSOE y para el Gobierno que preside Pedro Sánchez es profundo. En los últimos tiempos, ante la hostilidad de la llamada “vieja guardia”, con Felipe González como ariete, Zapatero se había convertido en el gran apoyo interno del actual presidente. Había asumido el papel de leal escudero, blindando a Sánchez ante las críticas y legitimando sus movimientos más arriesgados. En un claro intento por articular una estrategia defensiva, el expresidente guarda silencio. Por su parte, Sánchez no ha dudado en mantener su respaldo al exlíder socialista, al menos a la espera de comprobar cómo discurre la declaración judicial.
El caso no parece que vaya a alterar los planes de Sánchez sobre el devenir de la legislatura. Su idea de agotar el mandato sigue intacta. Sus socios no parecen dispuestos a castigar al actual Ejecutivo por un escándalo que afecta a una figura ajena al Gobierno. La financiación ilegal del PSOE sigue siendo, a ojos de sus aliados, la línea roja real para romper amarras con Moncloa. Pero el daño político y reputacional es innegable. Sánchez unió su suerte a la figura de Zapatero. El escudero providencial de ayer es hoy una pesada bola de hierro encadenada al tobillo del líder socialista.