La Ley Paccionada

23.01.2020 | 14:00

Se ha dicho que "un pueblo ignorante da siempre la razón al poder", por eso los enemigos de Navarra quieren que ignoremos nuestra Historia, para que permanezcamos sumisos a su voluntad. Debemos conocer los momentos agradables y también los tristes de nuestro Reino. Pienso que con la Ley Paccionada, Navarra perdió gran parte de su personalidad. La primera Guerra Carlista acaba en 1839 con el Abrazo de Vergara entre Maroto y Espartero.

En el Gobierno de España se hablaba en esa época de que nuestros fueros eran "privilegios medievales injustos". La derrota de los carlistas fue la excusa para que los liberales centristas procedieran a una nueva organización administrativa de España. La Ley Paccionada de 1841 es una ratificación del Convenio de Oñate que suprimía las peculiaridades de Navarra y de las Provincias Vascongadas. Se instaura en Navarra el Régimen Foral que supone renunciar al Reino a cambio de una autonomía. Navarra pasa de ser un reino a ser una provincia. Navarra pierde las Cortes y por tanto su facultad legislativa y también prerrogativas como la exención del servicio militar, la acuñación de moneda, se trasladan las aduanas del Ebro a los Pirineos. Se pierde casi todo menos la autonomía fiscal.

Como señala Tomás Urzainqui, fue una suplantación institucional que supuso un desmantelamiento del Estado europeo de Navarra. La oposición a la ley fue capitaneada por Ángel Sagaseta de Ilúrdoz, síndico en las últimas Cortes de Navarra celebradas el 28 de mayo de 1829. Sagaseta fue desterrado a Valencia por defender el régimen navarro y criticar la Constitución española de 1837. ¿Continúan hoy los vencedores con tácticas semejantes? La Ley Paccionada fue muy ventajosa para España y sumamente perjudicial para Navarra.

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