Sangüesa 1936
A las puertas del Pirineo, en una de las joyas de la Navarra medieval, el pasado sábado la gente se levantó contra el olvido y los mayores vinieron a recordar a los suyos como un ritual sanador, las gentes de Aibar, Cáseda, Lumbier se acercaron para apoyar a sus vecinos. Y el alcalde, como autoridad, como institución es quien organizó el acto... como debe ser. Recordar es vivir, por eso la gente mayor llora como si fuera el primer día, por esa memoria de nuestra tierra luchadora y republicana.
La memoria histórica es una responsabilidad pública, no solo es una memoria individual de los familiares, es nuestra memoria, es propiedad de todos los navarros y navarras. Por ello, por todo lo que supuso para esta tierra la guerra civil y el franquismo, por el silencio y la pasividad oficial que hubo en el pasado es importante seguir completando el puzzle de la memoria democrática de esta tierra.
Por eso necesitamos de los ayuntamientos un compromiso estable y profundo por cerrar definitivamente y para siempre este capítulo de nuestro pasado que golpea nuestro presente. Tenemos muchas cosas concretas por hacer, quedan muchos desaparecidos por encontrar, quedan muchas placas por instalar, y sin duda nuestro parque, el parque de la memoria tendrá que ser cuidado.
Por eso, homenajes como el que se hizo en Sangüesa el pasado sábado es tan importante, porque en consonancia con la filosofía de la asociación de familiares de fusilados de Navarra, vuelve a colocar a los familiares, a su memoria y a su pelea en el centro mismo de la mirada oficial.
Trabajar la memoria histórica nos hace más mayores democráticamente, olvidar hace que nos reconozcamos en un mal pasado, así que tendremos que seguir mirando hacia delante para no olvidar nunca lo que tuvieron que pasar los familiares de las personas asesinadas por defender los valores republicanos.