La especialista en neurociencias aplicadas Gaby Hostnik sostiene que tener un propósito en la vida es un factor de neuroprotección cerebral. En su libro El futuro es lo que haces hoy, presenta la gimnasia emocional, un método guía que a través de siete pilares puede ayudar a recuperar claridad, sentido, y a lograr un bienestar duradero; desde orientar tu vida hacia un propósito hasta cultivar círculos de empatía, escuchar tu cuerpo o entrenar tu neuroplasticidad, y eso solo como inicio, “porque el bienestar no se busca; se cultiva y empieza hoy”, remarca.

PERSONAL

Gaby Hostnik es especialista y entrenadora en neurociencia aplicada e inteligencia emocional; máster en neurociencia y neuroeducación por la Universidad de Barcelona. Además, es profesora universitaria, conferenciante internacional y divulgadora en neuroeducación. Es la directora-fundadora de Gimnasia Emocional en Latinoamérica, que impulsa el liderazgo, el bienestar y el aprendizaje continuo, y combina su labor de formación y divulgación, acercando la ciencia a la vida cotidiana con un enfoque humano, práctico y accesible.

Siempre se dijo que es mejor prevenir que curar. ¿Si no hay prevención es posible que más tarde haya que acudir al psicoanalista?

Somos socioemocionales en más de un 90%; vivimos rodeados de nuestros vínculos y nadie es capaz de escaparse de la influencia de nuestro cerebro emocional, porque vivir es sentir. La realidad es que uno acude a un médico o a un psicólogo cuando el cuerpo dice basta; y mucho se debe al factor emocional, porque estamos hechos de muchas cosas, pero sobre todo de emociones. Sucede que a los mayores de 40 años se nos enseñó a reprimir o huir de las emociones y ahora sabemos que son un factor importantísimo.

Gaby Hostnik posando con su libro ‘El futuro es lo que haces hoy’. Adrian Quiroga

Propone siete pilares para lograr el bienestar: uno es el buen vivir. ¿Qué debemos entender por buen vivir?

Son distintos factores. Tiene que ver con la relación y el trato con uno mismo, el vínculo con el entorno que nos rodea, el poder desplegar nuestro lado más profesional, el vínculo con la pareja y familia. Hay que hablar de cuestiones multifactoriales, no es solo una faceta vital. Sucede que cada uno pone mayor enfoque en uno u otro según su momento vital; a veces pones más énfasis en la cuestión social o de amistad que en otros aspectos. Depende, insisto, del momento vital.

En la sociedad occidental lo racional-cartesiano es el valor referente. ¿Cómo introducir lo emocional en nuestro mundo de valores para el bienestar?

Trabajo en universidades de Latinoamérica en educación ejecutiva y empresas, y la realidad es que cuando propongo los entrenamientos para el liderazgo emocional, las habilidades humanas y las socioemocionales, como profesora, como directora académica y facilitadora en empresas, intento mostrarlo desde el punto de neurociencias aplicadas, aportando evidencias y resultados a estas personas de lógica cartesiana o que consideran que son cuestiones blandas, pero que en realidad son temas que nos impactan y nos diferencian. Más aún en este mundo actual, porque si me preguntas cuáles son hoy las habilidades sociales más importantes en la actual sociedad de la Inteligencia Artificial (IA), te diré que una es la inteligencia emocional y otra la flexibilidad mental.

Prisa y ansiedad no son solo palabras, sino situaciones reales entre nosotros, ¿cómo combatirlas si debemos lograr metas, cumplir horarios, objetivos profesionales?

La nueva productividad es hacer una pausa y parar a reflexionar; parece contraintuitivo, pero en realidad, si todo el día estamos corriendo o en piloto automático, no estamos priorizando ni enfocando bien la atención. Es fundamental entender a través de esas pausas y reflexiones preguntándonos dónde poner mi interés, qué me gustaría que me pase y cómo deseo que sea mi vida, porque de lo contrario correremos tras las prisas y la velocidad de los demás. Se nos dijo que la tecnología nos ahorraría tiempo y trabajo; es cierto, algunas cosas hoy son más sencillas, pero me pregunto a dónde se fue ese tiempo que nos dijeron que nos ahorraríamos. La sensación hoy día es que tenemos agendas más llenas con más actividades que cumplir. Hacer una pausa, parar y reflexionar es señal de inteligencia, de conciencia emocional y personal.

Entre prisas y ansias por llegar… ¿es posible que se nos olvide cuál es la meta? ¿Es posible ser feliz e incluso vivir, sin tener un objetivo, un propósito?

Pregunta interesante; cuando se la hago a mis alumnos de posgrado, ejecutivos de empresa y personas formadas, me contestan que no lo tienen muy claro. Por eso, desde hace un tiempo se ha despertado la inteligencia existencial, preguntas que nos hacemos sobre el porqué y para qué de nuestra vida, porque lo que a unos les da sentido puede que a otros no. Lo que resulta evidente es que para las personas tener un sentido o propósito en la vida funciona como factor de neuroprotección cerebral, porque cuando te levantas por la mañana tienes claro tu norte. Este propósito puede ir cambiando a lo largo de la vida y no consiste solamente en desplegar nuestros talentos. No hay propósitos sin trascendencia y no venimos a este mundo solamente a buscar lo que nos gusta o aquello en lo que somos buenos, sino a ser más felices cuando dejamos huella en los demás. El propósito vital tiene que ver con lo que aportamos al otro y, en un mundo de prisas, con regalarnos citas con nosotros mismos.

"La empatía es una habilidad socioemocional clave"

Con la edad se busca más la compañía y la empatía; el 70% vivimos en urbes, ¿pero ya se cultiva lo suficiente la conversación y la empatía?

La empatía es la habilidad socioemocional clave a desarrollar y las urbes muchas veces la facilita. Nunca estuvimos tan conectados como hoy, y el futuro de la era digital es vivir en comunidades, en tribu, pero al tiempo el sentimiento de soledad es cada vez mayor. Por eso la empatía hacia los demás es importante, pero sin olvidarnos de desarrollar la autoempatía con nosotros mismos, porque es el primer paso para la empatía con los demás. La persona que se conoce a sí misma y dedica tiempo a cultivar su interioridad suele ser más empática con los demás. Si practicas contigo mismo es más fácil hacerlo luego con los demás.

Si el dolor viene asociado a la enfermedad y socava el bienestar emocional, ¿cómo combatirlo: con fármacos, psicoanálisis, siguiendo sus propuestas de autoayuda…?

El cuidado debe ser integral. Obviamente, la parte médica clínica y terapéutica es fundamental, pero nos encontramos mejor cuando estamos acompañados y tenemos metas ilusionantes. Esa ilusión, esos hobbies nos llenan el alma y activan el cuerpo. Hoy, un gran problema es el sedentarismo y la enfermedad carencial. Ante esto hay que dedicarle tiempo al autoconocimiento, encontrar nuestras metas ilusionantes, buscar nuestra tribu en la ciudad, hacer deporte, caminar 20 minutos al día… Hay quienes prefieren con la tele o con el móvil, pero lo mejor para la salud integral es moverse, salir al encuentro del otro, porque biológicamente estamos diseñados para sentir y movernos. Es el mejor recurso terapéutico frente a todo.

Usted habla de la neuroplasticidad. ¿Cree que todos somos capaces de fomentar nuestras neuronas espejo y esa neuroplasticidad?

Esa capacidad plástica es la esperanza del ser humano y todos, como decía Ramón y Cajal, podemos ser escultores de nuestro cerebro. Los neurocientíficos nos señalan que podemos y debiéramos hacer uso de esa plasticidad, porque la buena noticia es que el cerebro es el único órgano que no se desgasta con su uso; si entrenamos sus habilidades mejora con la edad. Potenciar la relación entre el cerebro y resto del cuerpo es fundamental, por lo que la clave es no perder nunca la ilusión de aprender, porque realmente el futuro es de los que aprenden, no de los que saben. La mejor manera de potenciar esa plasticidad es aprendiendo, dándole al cerebro nuevas carreteras y rutas neuronales.

"El cerebro es el único órgano que no se desgasta con su uso; si entrenamos sus habilidades mejora con la edad"

¿Es posible cultivar el bienestar y que florezca como lo hace un jazmín? ¿Cómo sobreponerse a los factores ambientales, del entorno?

El entorno impacta muchísimo. Nací y viví muchos años en Latinoamérica con un entorno menos estable, más caótico que en Europa. Y nosotros somos los responsables de nuestro metro cuadrado de espacio-tierra, de esos factores que dependen de nosotros, porque lo que pienso impacta en lo que siento, en cómo gestiono mis emociones y cuánto agradezco lo que tengo. El futuro lo diseño cada día en ese metro cuadrado foco de mi vida, donde debo poder gestionar lo que puedo controlar y preocuparme de lo que no pueda dominar. Con frecuencia vivimos con miedo; la diferencia está en saber si es un miedo real o imaginario para poderlo gestionar y establecer un diálogo interior que, en tiempos de prisas y estrés, de la era del click, donde lo urgente no nos permite hacer lo necesario, podamos ver la ganancia futura y plantearnos cuestiones a largo plazo, no del ya, del ahora mismo. Está claro que cuando algo nos ilusiona a dos o tres años vista pasan muchas cosas, y una es que actúa como protector de salud.

El bienestar emocional es meta de todos. Pero ¿a quién firmaría con especial dedicación su libro, mayores, jóvenes, mujeres, hombres, estresados, ansiosos…?

Quizás, por marketing, te diría que a mujeres. Pero me he inspirado mucho en mis alumnos y en realidad es para todo aquel que busque pistas y señales, teoría y mucha práctica de neurociencia aplicada con un lenguaje accesible. Es para jóvenes y adultos que quieran entrenar ese bienestar integral en su vida cotidiana, con ejercicios reales y prácticos. Lo está leyendo un espectro muy amplio: desde jóvenes a partir de 25 años hasta directores generales de 40 y más de 50 años, porque es una propuesta para quien está en la búsqueda y la exploración del bienestar emocional. En esta vida acabas siendo lo que entrenas, y por eso el futuro empieza hoy, porque el factor emocional tiene mucho impacto, pero lo más impactante son las acciones del día a día. Son estos pequeños pasos diarios los que más influyen en la vida, aunque no veamos la recompensa de forma inmediata.