El trágico derrumbe del acantilado de Biarritz, que el pasado miércoles provocó la muerte de una mujer de 36 años y mantiene desaparecido a un hombre de 34, ha vuelto a centrar la atención sobre la fragilidad de la costa vasca y los límites de la tecnología para anticipar este tipo de fenómenos naturales.

Días después del desprendimiento de 2.000 metros cúbicos de roca junto al faro de Biarritz, la prioridad sigue siendo localizar al buceador desaparecido. Al mismo tiempo, expertos y responsables medioambientales insisten en que este tipo de episodios forman parte de la evolución natural de los acantilados.

"La naturaleza siempre gana"

Bernard Dulau, vicepresidente de la asociación ecologista Anglet Vert Océan (Anglet Verde Océano), analizó este viernes la tragedia durante el programa ICI Pays Basque (Aquí País Vasco), donde recordó que el litoral vasco está sometido a un proceso continuo de erosión. "Tarde o temprano sucede. La naturaleza siempre gana. Si creemos que podemos vencerla, al final es ella la que prevalece", afirmó.

Según explicó, el acantilado donde ocurrió el accidente se encuentra bajo vigilancia permanente mediante sensores capaces de detectar movimientos del terreno. Sin embargo, esos sistemas únicamente permiten conocer que existe un riesgo, no determinar el momento exacto en que se producirá un desprendimiento.

"La morfología del acantilado, formada por capas alternas de margas y calizas, hace inevitables estos derrumbes. Lo que no sabemos, pese a toda la tecnología disponible, es cuándo ocurrirán", señaló.

Una tragedia durante una jornada de calor extremo

El accidente tuvo lugar el miércoles hacia las 20.30 horas, cuando una enorme masa de tierra se desprendió sobre el mar frente a la playa de Miramar, en un momento en el que numerosas personas disfrutaban de la costa tras una jornada en la que Biarritz superó los 40 grados.

Tres buceadores se encontraban en el agua cuando se produjo el derrumbe. Uno de ellos consiguió salir por sus propios medios, mientras que una mujer falleció y fue recuperada por los equipos de emergencia alrededor de las 22.45 horas. El tercer submarinista continúa desaparecido.

Surfistas y practicantes de paddle surf acudieron inmediatamente para intentar ayudar antes de la llegada del amplio dispositivo de rescate, en el que participaron helicópteros, motos acuáticas, drones y equipos especializados de buceo.

"Sonó como un trueno"

Entre los testigos se encontraba un vecino de Biarritz que navegaba en una tabla de paddle junto a su hija cuando escuchó el estruendo. "De repente oímos un ruido enorme, como un trueno. Nos giramos y vimos cómo se desprendía una parte entera del acantilado", relató.

Según su testimonio, el impacto de la roca contra el agua provocó una ola de aproximadamente metro y medio de altura. Después regresó hasta el lugar del accidente junto a varios surfistas.

"Hemos visto salir a uno de los tres buceadores. Estaba completamente destrozado y nos dijo que sus dos compañeros habían desaparecido", explicó.

La Prefectura confirmó esa misma noche que el desprendimiento afectó a unos 2.000 metros cúbicos de roca y que dos de los buceadores habían quedado inicialmente sepultados bajo los escombros.

El superviviente fue atendido por los servicios sanitarios. Aunque no sufrió lesiones físicas, recibió asistencia médica y apoyo psicológico debido al fuerte impacto emocional.

La playa situada bajo el acantilado, conocida como playa de Bernain o también como "el naufragio del aguilucho", permanece cerrada al público durante todo el año precisamente por el elevado riesgo de desprendimientos.