la carta del día

‘Dantza’

09.02.2020 | 02:27

"País triste y desgraciado aquel que, por no cultivar los mitos propios, termina asimilando los ajenos" (Joan Francesc Mira).

Pocas veces nos vamos a encontrar con un relato tan ajustado del devenir de este país y de sus gentes como el que nos presenta Dantza, esta prodigiosa película. Desde el principio hasta el final, la descripción de esos momentos, aislados en el tiempo, son el soporte de la visión de la evolución de nuestro pueblo. "Cargada de simbología, nos presenta una doble visión: una existencial, que unifica diversos sectores de nuestra realidad" (solidaridad, trabajo en auzolan, vegetación-naturaleza, labores de preparación, siembra y recolección, celebraciones solsticiales, ritos funerarios, bodas?) constitutivos de nuestras esencias (¿virtudes? ¿valores?); "otra: cognitiva, que nos muestra significados trascendentes que no son evidentes en la experiencia inmediata, nos revela un modo de ser auténtico y nos ayuda a descifrar los símbolos y precisar las modalidades que la simple imaginación de la materia no podría hacer posibles".

Contribuye también a "revelar el verdadero sentido de la Historia, de nuestra Historia: el de la epifanía de una condición humana admirable", por esforzada y solidaria, y pone de manifiesto la voluntad de este pueblo de continuar la vida. (El texto entrecomillado pertenece a una reflexión de Mircea Eliade en su Diario 1945-1969).

Todo ello, presentado con la belleza, elegancia, delicadeza y esfuerzo con que lo hacen todas las personas que han intervenido, provoca nuestra emoción y la sitúa entre las obras de arte más consideradas de este país. Localizaciones, fotografía, coreografía, música, vestuario? todo elegido y trabajado con auténtica pasión, -no con apasionamiento, que es otra cosa-. ("La pasión tiene la vista clara y nos hace llegar al amor por el conocimiento". Thomas Mann). Sin menospreciar el resto del trabajo, me parece sublime la recreación de la "dantza en corro cerrado de las mujeres" ¡Cuánto entusiasmo y esfuerzo! Con "dantzaris de 8 a 10" como nos dijo Telmo Esnal, de asombrosa calidad; teniendo que rodar los fines de semana, compatibilizando con la vida profesional y familiar de cada participante; con escasez de recursos materiales? en fin, una nueva demostración de las capacidades de las gentes de este país. En la presentación del libro de Juan Antonio Urbeltz Dantzak, Luis Iriondo, en sus consideraciones, se refiere a "esos protagonistas que, de algún modo, han sintetizado y galvanizado la expresión y el sentimiento artístico del país. Admitido esto ¿qué diremos de este arte popular y sin protagonistas que en nuestra danza, arte colectivo ante el que nos sensibilizamos, arte igualitario que se ejecuta lo mismo en el medio rural como en el urbano? ¿No merece la consideración de arte nacional una expresión estética integral como la danza, creada transmitida y ejecutada por toda la comunidad y expresada en unos niveles expresivos y estéticos difícilmente superables? Me he permitido apropiarme de esta consideración para que sirva de reconocimiento hacia todas las personas que han hecho posible que podamos disfrutar tanto con esta maravilla.

Reconocimiento y admiración por Juan Antonio Urbeltz, maestro y genio. Por su vida y por su prodigiosa obra, junto a su inseparable Marian. (Supongo que se notará que no soy especialista en cinematografía y que se notarán más mis nostalgias y sentimientos).

De nuevo recurro a Mircea Elíade y su mismo Diario: "Veo esos símbolos porque están ahí. Si alguien no los ve, eso no significa que no estén, sino, simplemente, que no los puede ver".