El parachutista colgado

10.02.2020 | 10:06

Uno no sabe cómo tomarse la aventura del orgulloso paracaidista que en su vuelo espectacular trata de provocar la admiración de la multitud henchida de patriotismo, que se creyó Ícaro para alcanzar el sol y se le derritieron las alas para, portando la bandera de la patria en un alarde de precisión para conmemorar el aniversario de la invasión del continente indio masacrando a los indígenas y, a cambio de quincalla y cristales, robarles sus riquezas naturales.

Hay que hacer un ejercicio de imaginación para comprender el patriotismo del paracaidista que, lógicamente, sería el gallo de la BRIPAC, la unidad que tanta historia acumula en defensa de la patria. La imagen es la de un soberbio cóndor volando sobre el paseo de La Castellana donde tiene lugar el brillante desfile de una muestra de nuestros ejércitos. Desciende majestuoso para posarse en el punto exacto. La multitud enfervorizada mira al cielo. La familia real rompe el protocolo para estar con el pueblo participando del espectáculo junto a las máximas autoridades nacionales y autonómicas con el presidente Sánchez al frente, quien ignora estoico los pitidos de los antipatriotas que en vano quieren mostrarle su rechazo por exhumar la momia del Generalísimo del Valle de los Caídos.

Es la servidumbre del Estado de Derecho que exige asumir la sentencia del tribunal, después de disfrutar de cuarenta años de merecido descanso. El espectáculo exalta la armonía plástica de la figura del Ícaro majestuoso. Pero, he aquí que surge un grito desgarrador del pueblo que mira al cielo enfervorizado. Nuestro héroe aparece colgado de una farola enredado entre cuerdas como un muñeco de feria. La familia real, en un gesto espontáneo que muestra su calidad humana, acude a consolar al héroe que, emocionado, tiene que reprimir las lágrimas. Será posible que el mejor profesional entre nuestros parachutistas fracase y la familia real tenga que aceptar la pérdida de prestigio internacional, mientras los renegados ironizarán sobre cómo serán los demás paracas si el número uno espera que le rescaten del poste.