La carta del día

Parques eólicos: una observación

12.11.2020 | 01:01
Detalle de un aerogenerador

La energía eólica ha sido un progreso logrado a finales de los ochenta que ha servido para abastecernos con molinos de tres palas grandes de energía fácil. Y limpia. Los parques eólicos se han distribuido en zonas donde sopla mucho el viento, que es donde más energía eólica se obtiene. El primer parque eólico del Estado español se instaló en el Perdón/Erreniaga en 1995. También cuenta Navarra con la torre de molino más alta de Europa fuera de Alemania, el molino de Eslava. Una vez visto que el resultado fue bueno, se ampliaron los parques eólicos a diferentes zonas de Navarra, sobre todo cara al sur, que sopla mucho cierzo, como Buñuel, Cadreita, Cabanillas, Tudela, Barásoain y Ablitas, luego se fueron extendiendo hacia el norte hacia Añorbe, Larraga y Tierra Tierra Estella y Tafalla.

En estos últimos años las empresas eólicas han puesto el ojo hacia el norte de la cuenca de Pamplona/Iruñea para arriba, en su intención de expandir parques eólicos en la zona norte, en valles como Erro, Esteribar, Egües, Ezkabarte, Goñi y otros más, causando en muchos sitios estragos con las aves, sobre todo con las migratorias como las grullas, y aves que se desplazan como las cigüeñas y rapaces como buitres, actualmente muy comunes en Navarra, y otras especies de aves amenazadas como el águila real, no olvidemos que fue símbolo de la dinastía pirenaica de Navarra, el alimoche y el quebrantahuesos.

Si el proyecto eólico del norte se llegara a realizar sin los debidos y pertinentes estudios previos o el debido cuidado de exploración de la zona de implante de los molinos, es casi un deber advertir como ciudadano que ama nuestra hermosa naturaleza, que los montes que componen Lakarri, la peña de Belzunegi, el alto de Errea, como en otros espacios naturales importantes que engalanan el norte de Navarra, zonas con un paisaje salvaje, podría verse seriamente afectada la cubierta forestal, sobre todo la que está compuesta de árboles perennes como el roble, el haya, el quejigo, el fresno, abedul, avellano, boj y encina que, a diferencia de las coníferas, les cuesta mucho tiempo regenerarse.

Este verano, por ejemplo, despejaron el camino que va hacia Lakarri, y con la excavadora y aplanadora destruyeron una charca donde criaban diferentes especies de anuros y anfibios, entre ellos la rana bermeja, una especie muy importante en Navarra. Me llevé un disgusto porque donde había casi una laguna vi una brecha de barro. El bosque mixto que comprende entre Lakarri, la peña de Belzunegi, el alto de Errea e Ilurdotz, alberga una vida silvestre abundante compuesta por jabalíes, tejones, zorros, gatos monteses, jinetas, cárabos, chotacabras, zorzales, becadas y otras diez especies de aves, cinco de reptiles como luciones, eslizones, lagartos verdes, víboras áspides, culebras lisas europeas y culebras de collar, otras cinco de anfibios como la salamandra, la rana común, el sapo común, la rana bermeja, el tritón palmeado y el jaspeado, corzos... Con el tiempo se han llegado a ver ciervos que estaban extintos por la caza masiva y por la destrucción del medio por los aprovechamientos agropecuarios en épocas pasadas, principalmente en Belzunegi, pueblo abandonado en 1930.

Si ese espacio natural se mantiene solo es cuestión de tiempo que reaparezcan especies exterminadas por la acción humana como el lobo y el lince. También es un buen sitio para que la gente salga de su rutina diaria y se dé un paseo por un espacio abierto, respirando aire puro y despejado de actividad humana, sobre todo en tiempos de pandemia, y no viendo tan solo palas de molinos y construcciones artificiales que pueden obstruir y destruir el paisaje.

Este proyecto, si saliera, sería beneficio económico para un sector de la sociedad, para proporcionar energía que ya se ha demostrado que es totalmente necesaria junto a las que ya hay, como la solar y la acuática, el petróleo, el gas, etcétera, que son las que han contaminado el medio ambiente hasta el presente, estropeando un mundo natural seriamente alterado y minando por completo su naturaleza original. Les debemos, por falta de vigilancia nuestra, entre otras cosas, el cambio climático.

El uso de las energías es claramente necesario, las energías eólicas son una parte muy importante de la economía y de nuestra vida, pero habrá que regularlas a nivel razonable, calibrar entre ecología y economía, bien común y necesidad de organizar un mundo más cabal para las futuras generaciones. Y la nuestra.

El autor es técnico forestal