Instituciones vendidas

07.08.2021 | 02:02
Instituciones vendidas

Colgó el teléfono enojado. Querían hacer un gran festival gastando un dineral para atraer a quien más fama da y con esas pompas señalar su causa cultural. En vez de seguir fomentando buenas ediciones, estudios serios, congresos adecuados, ahorrando para que los dineros someros rindan su fruto con fundamento, preferían flores de un día que daban vuelo a grandes noticias y luego nada dejarían. ¿Quién organizaría ese tinglado? Un grupo privado, amigo del mandamás de turno, apenas nada más. Era indignante y confesó que ya llevaba tiempo pensando en la dimisión. Esta no era una digna misión, encubrir los tejemanejes que ningún bien hacen a la nación.España es país de personas y personajes, todo parecería sustentarse sobre individuos con energía y saber que organizan y actúan entre las instituciones que a menudo tejen, aunque otros las destejen y derriban y este es el problema, pues, a menudo, algo que funciona bien, cuando se va quien lo pensó o dirigió, se hunde. El ámbito anglosajón, francés o alemán resulta más firme porque las instituciones son más fuertes y los mecanismos para acceder a ellas, para dirigirlas y para procurar su labor a lo largo de diversos mandatos son más justos; suelen escoger a quien es adecuado para el cargo. Esto es obrar con justicia y buscando el bien común. Pero, en demasiadas ocasiones, vemos al grupo político de turno que obra con criterios rastreros buscando su propio beneficio, colocando a "sus gentes".Tal parece ser lo que se cuece en los ceses del célebre Gonzalo Santonja, reconocido intelectual y catedrático que ha dirigido el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, o con la dirección del MUSAC, pues las políticas culturales buscan a menudo más las flores que el trabajo de fondo, más lo que viste que el contenido serio, más lo que loa a sus representantes en el gobierno que al saber independiente. Sin embargo, necesario es mantener nuestras poderosas instituciones culturales, museos y centros de conocimiento o promoción con lo mejor y más adecuado para todos, al margen de un partido u otro, porque cuando pierdan el poder, vendrán otros y tentados estarán de hacer lo mismo. ¡Cuántas veces se organizan para repartirse cargos y prebendas entre los fieles! Más bien deberían mantener lo que funciona, potenciar lo que ha resultado adecuado, mirando el bien común, no solo el particular beneficio.Sembrar para que otros recojan es labor digna de los grandes que miran al pueblo con afecto y buscan su desarrollo más profundo y duradero. Pero llevamos mucho tiempo con una casta política, en general, salvo contadas excepciones, con un nivel muy rastrero en el conocimiento, en sabiduría, sí, y en comportamiento moral o ético. Cuando los mediocres gobiernan, crecen los males y los malos prosperan entre los escombros de lo que fueron hermosas instituciones.

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