¿Es machismo ese beso estampado sin más justificación que la euforia? Como mínimo es abuso de autoridad. El machismo surge normalmente cuando no eres consciente de él. Lo hace sobre todo en situaciones descontroladas donde el subconsciente reemplaza a la consciencia y retrata el sustrato que tu “yo” más íntimo ha aprendido y que incluso tú desconoces. En la imagen televisiva se aprecia que Rubiales no da opción. No deja que Jennifer haga la cobra si le viene en gana, que drible con un regate de habilidad de protocolo y tal efusión se convierta en un simple beso en cada mejilla. Pero ella no puede porque él coge su cabeza como si fuese su balón del hat-trick. El gesto de los dedos incomoda más que el beso. No es “un piquito” como dice él. No puede tener mala intención con miles de espectadores mirando, pero su culpabilidad es obvia y debería desaprender.

Me recuerda en forma de metáfora a la tarjeta roja que recibió El Chimy. Su entrada es fea de libro y es expulsión sin atenuantes aunque tocara el balón. Eso me pareció. Pero si hubiese atenuantes diría que excepto un tiro de Arnaiz y otro fuerte de Moi Gómez, que pegó en alguien, El Chimy fue el que más ocasiones generó: Un trallazo de obús que toma curva de golazo pero al final las coordenadas no son las exactas; una estirada de pierna junto al palo que de tocarla el suspiro se habría convertido en gozo; un cabezazo hacia el césped que Unai Simón solo pudo desviar con la yema del dedo corazón de su mano derecha. A esas tres frustraciones habría que sumar que después de coger el balón en una falta, se lo arrebata alguien que centra mucho pero siempre hacia el área pequeña, no hacia este o aquel compañero como lo hacen Moncayola y Rubén Peña, pases tocados y precisos. Así que no les extrañe que su subconsciente, cuando juega poco y van perdiendo, saque una olvidada plancha peligrosa con los dos pies por delante de cuando jugaba en su querido barrio argentino. Hay que desaprender los malos gestos: Pon siempre el intermitente aunque no venga nadie por detrás y no tires las colillas por la ventanilla aunque las sepas apagadas y estés rodeado de cemento. Si un día vas enfadado, discutiendo, despistado o muy feliz, con malos gestos aprendidos la liarás sin querer como Rubiales y El Chimy. Como mínimo se merecen la tarjeta roja. Rubiales ha pedido un insuficiente perdón y ofrecido unas vacaciones pagadas en Ibiza. Como escribiera Juan Rulfo en Pedro Paramo: “Esto prueba lo que te demuestra”.