La presión para que dimita Rubiales demuestra que mucha gente le tiene ganas, ya que el hecho en sí mismo, un beso inapropiado en un momento de euforia, no es para tanto. Me parece más grosero el gesto que tuvo en el palco. Ha pedido disculpas pero no ha sido suficiente, encima la afectada, que en un primer momento no dio importancia al hecho, ha sido abducida por las oportunistas feministas de ultraizquierda para poder hacer cruzada en favor de un feminismo dañino y mal entendido. Lo que me fastidia de todo esto no es la dimisión de Rubiales, ya que a lo largo de su mandato ha dado que hablar por asuntos de mucha más enjundia y gravedad, sino el hecho de que cuatro oportunistas, unos artistas en esto de la manipulación, nos generen un estado de opinión del que si te sales corres el riesgo de ser un apostata condenado a la hoguera. Al margen del asunto Rubiales, lo que hace esta gente me suena a totalitarismo y a pensamiento único comunista que no traen nada bueno. ¿No hubiese sido peor que él le hubiese dado un puñetazo? En este caso, el beso no sirvió para convertirse en príncipe.