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Europa y la batalla del relato

Europa y la batalla del relatoEP

En términos de la mise en scène, poco se puede reprochar al equipo del mandatario estadounidense. La presión previa a la rueda de prensa, la imagen viral mirando hacia la ventana de Groenlandia, el gesto cuidadosamente calculado: anhelo y capricho convertidos en mensaje político. En ese terreno, el del espectáculo, Estados Unidos sabe moverse. En el de la narrativa, no todo está perdido.

Europa nace, según relata Ovidio, de un rapto. La joven fenicia, aterrada, se aferra al cuerno del toro -Zeus- mientras intenta llamar a los suyos. El viento arrastra su voz y ninguna orilla responde. No hay elección posible frente a la decisión unilateral del rey del Olimpo. En ese mito fundacional, Europa no tiene voz.

Hoy, Estados Unidos se presenta como actor hegemónico, armado de poder militar y político, para proyectar su influencia sobre Groenlandia. Pero esta vez la respuesta ha sido clara. Desde Nuuk se ha afirmado que, de tener que elegir, elegirían Dinamarca; elegirían el Reino de Dinamarca; elegirían la Unión Europea. La voz de quien tiene gobierno y voluntad propia.

El mito heleno no termina en tragedia abierta, sino en transformación. Europa pierde su origen, pero se convierte en madre de reyes y jueces: Minos y Radamantis, símbolos de orden y gobierno. Es así como Europa no se trata sólo de un concepto geográfico, sino cultural y simbólico. 

Dinamarca y Groenlandia revisitan este miércoles ese mito fundacional, pero con un final distinto. Donde Europa fue raptada, ahora hay palabra. Donde hubo silencio, hay decisión. Revisarlo y actualizarlo también lo puede ser, porque las batallas políticas contemporáneas ya no se libran sólo con fuerza, sino, sobre todo, en el terreno de las narrativas.