Los archivos del honor
Quisieron barrer de una toda la dignidad de las calles iraníes. Ya no les bastaban los fusiles y la barbarie hubo de buscar metralletas que tumban masiva e indiscriminadamente. Pero las balas salvajes sólo empujan a las almas bien arriba en los cielos. Nos consta que hay cuadernos en los que se anotan esos grandes sacrificios. Dicen que son cerca de tres mil los caligrafiados en los archivos del honor.
Ningún aliento ahogado en el camino hacia la libertad es en balde. No hay muerte más elevada que aquella que se asume libremente por el bien colectivo. La ofrenda de los valientes y las valientes iranís ha sido más que generosa. Poco les faltó para emanciparse del yugo y Occidente, sobre todo el Occidente de progreso, se tendrá que preguntar por ese esquinazo.
Su futuro sin obligada hiyab rehusó nuestros labios. Habremos de preguntarnos por qué faltó “¡Free Irán!” en nuestras capitales, por qué no fueron dignos de apoyo, si les faltaba tan poco para dejar atrás a los clérigos de la impostura y el crimen. Prefiero pensar que Occidente ha sido más olvidadizo que interesado. El apoyo de los ayatolás a Hamas, su confrontación con el Imperio no puede ser la causa del abandono de ese pueblo movilizado, porque entonces estaremos enterrando nuestros valores y principios más elementales de libertad yderechos humanos.
Iran y su apuesta vital ya no ocupa los medios. El terror torna de nuevo su pan de cada día y en nosotros restará la duda de por qué no expresamos para con ellos y ellas la mínima solidaridad que sobradamente merecían. Quizás sea el momento de dejar de acusar al otro de cuándo se moviliza o cuándo deja de hacerlo. No nos pasemos más mutuamente la bola. Ya no hablemos más por favor de “silencios cómplices”. Cada quien que se enfrente solo con su soberana conciencia; cada quien sabe cuándo dejar todo y agarrar el abrigo y la bufanda para empujar historia, para iluminar un desierto lejano, para derramar su alma por el asfalto.