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Por el Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down

Por el Día Mundial de las Personas con Síndrome de DownOskar Montero

El 21 de marzo celebramos el Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down, una fecha para recordar algo esencial: las barreras más difíciles de derribar no están en las personas, sino en la mirada que todavía hoy proyecta la sociedad sobre ellas. Seguimos asociando el síndrome de Down a palabras como problema, limitación o dificultad. Y, sin darnos cuenta, esas ideas condicionan las oportunidades que ofrecemos, las expectativas que construimos y los derechos que, en la práctica, permitimos ejercer.

Como presidenta de Anfas y Tasubinsa, pero también como madre de una joven con síndrome de Down, sé bien que el verdadero impedimento no está en su capacidad, sino en un entorno que aún tiende a infantilizar, a sobreproteger, a decidir por ellas. Una sociedad que les habla como si fueran eternamente menores, que restringe su autonomía, que duda de su talento, que cuestiona su derecho a la intimidad o a desarrollarse profesionalmente.

Sin embargo, basta observar su día a día para entender que pueden mucho más de lo que la sociedad cree. En mi caso, escuchar a mi hija hablar con pasión de sus entrenamientos de gimnasia rítmica, ver cómo se esfuerza, cómo progresa y cómo disfruta del deporte, es una prueba evidente de su constancia, su disciplina y su enorme capacidad para superarse. Como ella, muchas personas con síndrome de Down practican deporte, estudian, trabajan y construyen proyectos vitales llenos de sentido y de futuro.

Las familias lo sabemos bien, y por eso desde el movimiento Plena inclusión impulsamos la campaña #AtenciónALasFamilias, que pone voz a nuestras realidades: la dificultad para conciliar, la burocracia interminable, los apoyos insuficientes y el peso económico y emocional que asumimos muchas veces en silencio. También queremos visibilizar la diversidad de quienes acompañamos a personas con discapacidad intelectual: familias monoparentales, migrantes, rurales, mayores o atravesadas por múltiples vulnerabilidades.

En este 21 de marzo es necesario recordar que la inclusión no es un gesto simbólico, sino una responsabilidad compartida. Las personas con síndrome de Down no necesitan que decidamos por ellas: necesitan confianza, oportunidades reales y una sociedad que derribe los prejuicios que aún las rodean. Porque pueden aprender, trabajar, amar, decidir y aportar. Porque ya lo hacen cada día.

Cambiemos la mirada. Dejemos de ver la discapacidad como un límite y empecemos a ver a la persona, con todo su potencial, sus sueños y sus capacidades.

Presidenta de Anfas y Tasubinsa*