Definitivamente la necesidad de crudo ya no sería tan crítica, si no fuera por la nefasta intervención de los Estados que, como siempre, complican las cosas.
Es común afirmar que la economía es la utilización de los recursos escasos. Pero resulta que, en su momento, nos dijeron que, cuando el carbón se acabara, la civilización desaparecería. Pero luego apareció el petróleo que, gracias al desarrollo tecnológico, se convirtió en una fuente de energía superior. Y el mundo progresó increíblemente.
Hoy resulta que, gracias a nueva tecnología, sobreabunda el crudo, salvo cuando los Estados complican y hasta destruyen la producción y el transporte como ocurrió en Venezuela a causa de las políticas estatales chavistas.
De modo que, en rigor, lo que es escaso es el stock actual de bienes y servicios, pero los recursos, la riqueza, parten de la creatividad de la mente humana y, en consecuencia, nunca podrán terminarse. De hecho, pareciera que la empresa del futuro es la empresa virtual cuyo capital, su recurso más importante sino el único, es su equipo de cerebros y donde los bienes materiales -manejados a distancia o por robots- serán secundarios, si es que los tienen.
El consumo de petróleo por unidad de PIB viene cayendo desde finales de la década de 1970, cuando la relación entre los millones de toneladas de crudo por cada mil millones de PIB en USD era del 14% mientras que hoy no llega al 4%.
Y esto gracias a la tecnología que hoy aprovecha mucho más el crudo, al utilizarlo y al extraerlo. Por caso, el fracking ha logrado que los EEUU sea un exportador neto total de energía desde 2019.
Las intervenciones estatales han agravado la situación, es decir, la dependencia crítica del crudo. Todo esto se ve claramente a partir de la guerra en Irán y en el estrecho de Ormuz. Además de la obviedad de la destrucción provocada por los conflictos armados, las sanciones occidentales a Rusia y al mecanismo de tope de precios impulsado por el G7 han complicado el suministro a Occidente, en tanto que Moscú se ha visto obligado a vender su petróleo y gas con descuentos significativos en los mercados asiáticos.
Por otro caso, la presidenta de la Comisión Europea tuvo que reconocer que “la reducción de la cuota de la energía nuclear fue un error”. El Estado alemán cerró las últimas centrales nucleares en 2023, y también lo ha calificado como “grave error estratégico” que le ha valido una mayor dependencia del crudo y el gas.
Por cierto, una grave confusión que surge a partir del aumento abrupto en el precio del barril a causa de las intervenciones estatales -comenzando por las guerras y bloqueos- es creer que el eventual traslado de este aumento a los precios en general es inflación.
La inflación, ese fenómeno que provoca una subida generalizada de precios es, en realidad, a la inversa, una pérdida de valor de la moneda por exceso de emisión. Por tanto, la subida en el costo del crudo, aun cuando se traslade a todos los precios, no es inflación sino un simple reacomodamiento relativo -muy sano, por cierto- con el fin de reconfigurar al mercado frente a esta nueva situación. Es decir, ante la escasez de crudo -por culpa de las intervenciones estatales- sube el precio para desalentar su consumo a la vez que promover un aumento en la producción y/o la logística y el transporte.