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Esnaola, estamos a tiempo

Esnaola, estamos a tiempoJavier Bergasa

El Instituto Navarro de la Actividad Física y el Deporte (INDAF) y Salud Pública están a un paso de cerrar la piscina de Larrabide este verano. Han pasado semanas desde que se propuso una alternativa viable, pero la indecisión administrativa continúa, amenazando con generar un grave problema de seguridad ciudadana bajo el pretexto, paradójicamente, de protegernos.

Si se consuma este cierre, el escenario que nos espera en las instalaciones de Guelbenzu es alarmante. Al ser minúsculos dos de sus vasos, la presión recaerá sobre la piscina principal, que cuenta con dos metros de profundidad. Tendremos un aforo incapaz de absorber a tanta gente, donde confluirán ancianos con movilidad reducida, niños con escasas nociones de natación y adolescentes saltando al agua.

Esta saturación extrema en un espacio profundo no es un simple inconveniente logístico; es una absoluta imprudencia que multiplica de forma evidente el riesgo de traumatismos y ahogamientos.

La otra cara de la moneda no es menos grave. Miles de ciudadanos no podrán acceder a Guelbenzu por el evidente colapso de las instalaciones. Muchos de ellos, personas mayores y vulnerables, se verán forzados a soportar el sofocante calor del verano encerrados en sus domicilios, a menudo sin aire acondicionado. Un golpe de calor sostenido en la vulnerabilidad de una casa no es un asunto menor.

El año pasado la temporada en Larrabide transcurrió con total normalidad y sin incidentes. Cerrar estas instalaciones ahora, derivando a la población hacia un embudo peligroso o al encierro domiciliario, no elimina un riesgo, sino que crea dos nuevos y mucho más graves. Si este verano ocurre una desgracia, ya sea en el agua por hacinamiento o en las casas por el calor extremo, no podrán decir que fue un accidente imprevisible.