He de reconocer que ayer pasé nervios. Se celebraban las elecciones para elegir presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Navarra y se presentaba Javier Taberna, que es uno de mis personajes navarros favoritos. Por su longevidad en el cargo, sobre todo. Nervios porque, aunque solo se presentaba él, llegué a temer que no hubiera quorum o que entraran aires nuevos en la institución y que le votara menos gente de la prevista o que hubiera algún atisbo de novedad. Nada, temores infundados, elegido “por unanimidad”. Joder, menos mal.

Porque a mí me gusta que sigan existiendo cosas que resisten al paso de estos tiempos tan frenéticos y las modas y los guiños. Y una de ellas es Taberna y sus ruedas de prensa y sus declaraciones tirando hacia la derecha siempre y sus tiradillas a los gobiernos si no están UPN y PP y todo esto que le da salsilla a la comunidad. ¿Qué sería de la patronal o de la Cámara de Comercio si estuviesen en manos de progresistas o gente con pendiente o el pelo morao o yo qué sé? Un cachondeo.

Taberna, que lleva al frente del tinglao desde 1991 y que más o menos se va a plantar en los 40 años de reinado, supone perfectamente todo lo contrario, puesto que representa a la perfección la imagen y la genealogía del status quo de la comunidad desde que el mundo es mundo y nos recuerda, sin estridencias, ni malas formas, ni ocultaciones, quiénes están al mando de muchos de los hilos empresariales y económicos en esta nuestra comunidad por mucho que ahora políticamente no estén al frente los de la cuerda de Cámara y CEN.

Taberna, por zanjar, supone el esquema clásico de empresario o representante de los mismos del siglo XX, alguien que no te engaña con dobles discursos o emboscadas ideológicas. Y en estos tiempos que corren, en los que casi nada es ya lo que parece, esto es de agradecer. Las cartas sobre la mesa y sabiendo a qué se juega.